Editorial

Bienestar popular

Editorial del Domingo 30 de Enetro de 2019
Bienestar popular
En las actuales condiciones de la ciudadanía hondureña, lo más urgente es la creación de un ambiente de paz. En el cual gobernantes y gobernados puedan tener la oportunidad de dialogar, y entre todos, buscar soluciones factibles.

La mayor crítica que se hace a los políticos hondureños es su hambre de poder y el afán desmedido de alcanzar sus intereses personales. Estas percepciones surgen del ambiente de corrupción pública y privada que se denuncia en el país. Lo cual ha traído como consecuencia real, el que, durante muchos gobiernos, no se haya podido reducir la pobreza en cifras significativas. Al contrario, más bien da la impresión, se han ido creando condiciones muy precarias de vida, para la mayoría de la población.
Corresponde a quien ejerce el Gobierno, asegurar el bien común, armonizando con justicia, los intereses que corresponden a los diversos sectores en que se divide la nación. Efectivamente, la distribución justa de los bienes particulares de grupos y de personas es una función primordial de la institucionalidad pública de manera que aún en una sociedad democrática, cuyas decisiones se toman por mayoría de la voluntad popular, quienes gobiernan no deben guiarse únicamente por la opinión de las mayorías, sino que deben también tomar en cuenta los intereses de las minorías, para que estas puedan participar del bien común histórico que sea factible lograr.
El Bien Común de una sociedad no es un bien autosuficiente, sino que es valedero cuando se relaciona a lograr los fines últimos de las Personas, o sea que incluye no solo las cosas materiales, sino sobre todo posibilitar su fin trascendente: La Vida Eterna; cuya existencia y la posibilidad de alcanzarla es lo que brinda sentido a la vida humana y es la más profunda razón para la existencia del ser humano.
Así pues, debemos considerar como un deber de justicia, el que todo ciudadano en la vida comunitaria tenga posibilidad de desarrollarse como persona, con acceso a los bienes sociales que le permitan su crecimiento ético-socio-económico. Este es un derecho humano que le debe ser respetado a cada hondureño, para que nadie en este País tenga la cruel condición de analfabeta, sea objeto de condiciones infamantes de trabajo o sea excluido de la vida social, política y económica, de su propia patria.
En las actuales condiciones de la ciudadanía hondureña, lo más urgente es la creación de un ambiente de paz. En el cual gobernantes y gobernados puedan tener la oportunidad de dialogar, y entre todos, buscar soluciones factibles, a los graves y muy delicados problemas, que afligen a la mayoría de la población. Que todos los grupos que están organizados, en el campo político y en la sociedad civil, contribuyan a establecer una cultura de solidaridad, al estilo de lo que San Pablo VI denominó: “la civilización del amor”, centrada en el desarrollo humano.
Precisamente, es el “desarrollo humano” el gran objetivo a alcanzar, pero que solo puede ser logrado mediante el esfuerzo unificado de todos los hondureños, en una ética que promueva el respeto de los Derechos Humanos de toda persona.
Lo cual, conlleva la necesidad de eliminar las situaciones de pobreza, desempleo y de exclusión a que están sometidos miles de ciudadanos, y que constituyen los principales detonantes de la emigración masiva de hondureños, perdiéndose así, la riqueza más valiosa de la Patria: su capital humano.
Para revertir esta situación se hace necesario que exista un esfuerzo compartido entre los gobernantes y la ciudadanía, para realizar esfuerzos, públicos y privados, que se comprometan a la creación de fuentes de empleo, y fortalecer los sistemas de educación y salud. Como condiciones mínimas para las necesidades básicas de todo hondureño.
De todas maneras, siempre habrá ciudadanos que por razones de inseguridad, quieran abandonar el país. A ellos se les puede ayudar en el trámite de solicitud de asilo a países como Canadá, Noruega etc. Necesitados de mano de obra. De esa manera, pueden salir con sus documentos en regla, y no tienen que arriesgar su vida en una travesía mortal.
El Señor Jesús aconsejó para que exista paz y justicia: “Ámense unos a otros……como Yo los he amado”.

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