Caminar Punto de Vista

Pasado y presente

Poniendo nuestras confianzas y certezas en Dios, debemos comprender que dejarnos atascar solamente significa renunciar a avanzar y olvidar la gratitud y la esperanza.
José Nelson Durón V.
Columnista

Para muchos las recientes fiestas son alegres, para otros tristes y aún otros sufren melancolía por diversos motivos que, a la luz de sus experiencias, son razón suficiente para aferrarse al pasado y dejar pasar la oportunidad de vivir el presente. Vale la pena justipreciar los acontecimientos y los sentimientos, que, como una liga hasta ahora imposible de cortar, llenan de añoranzas y recuerdos que fueron y ya no serán. La persona que se fue para vivir otra aventura o compromiso volverá, si la relación vale la pena; si se fue para no volver, ¡ya la encontraremos y en una situación maravillosa! Aquel sueño disuelto entre las nieblas de la vida fue solo eso, una ilusión, ensueño, fantasía, y las aves que subimos a su árbol volaron libres, piando con fuerza su libertad y su alegría. “Ya lo pasado, pasado; no me interesa. Si antes sufrí y lloré, quedó en el ayer. Ya olvidé…” dice más o menos Joséx2. La persona amada que cambió a una dirección inaccesible, solamente dobló en la esquina para jugar a las escondidas, porque el Amor le llamó ardiendo en deseos de abrazarle, mientras nosotros también nos asomamos a la misma esquina. Poniendo nuestras confianzas y certezas en Dios, debemos comprender que dejarnos atascar solamente sígnica renunciar a avanzar y olvidar la gratitud y la esperanza.
Todo giro es una conversión y un cambio, como sucede en cada sacramento, signo eficaz del Señor. Siete acontecimientos u ocasiones en que el Señor irrumpe en nuestras vidas para perdonarnos, salvarnos, alimentarnos, guiarnos y conducirnos en el camino de regreso al Padre, así como para que cumplamos Su voluntad en el plan de vida que ha dibujado para cada uno. Hoy el Señor nos lo demuestra sometiéndose al bautismo en el río Jordán y nos deja escuchar la dulce voz del altísimo Padre que lo señala con el Espíritu Santo en la sensible forma de una paloma, mientras nos pide escucharle y amarle. Supliquemos con el Padre Pío a Dios: “Mi pasado, oh Señor, a tu misericordia; mi presente a tu amor; mi futuro a tu providencia”.