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Papa Francisco: San José, el hombre de los sueños con los pies en la tierra


“José es el hombre que sabe acompañar en silencio” y es “el hombre de los sueños”. En estas dos expresiones el Papa fija las características de san José, al que dedica la homilía de la Misa en Santa Marta.

En las Sagradas Escrituras, conocemos a José como “un hombre justo, un observante de la ley, un trabajador, humilde, enamorado de María”. En un primer momento, ante lo incomprensible, “prefiere quedarse aparte”, pero después “Dios le revela su misión”. Y así José abraza su tarea, su papel y acompaña el crecimiento del Hijo de Dios “en silencio, sin juzgar, sin hablar mal, sin murmurar”.

Ayudar a crecer, a desarrollarse. Así buscó un sitio para que el hijo naciera; lo cuidó; le ayudó a crecer; le enseñó el oficio: tantas cosas… En silencio. Nunca tomó propiedad del hijo: dejó crecer en silencio. Deja crecer: sería la palabra que nos ayudaría mucho, a nosotros, que por naturaleza siempre queremos meter la nariz en todo, sobre todo en la vida de los demás. “¿Y por qué hace eso? ¿Y por qué lo otro…?”. Y empezamos a murmurar, a decir… Y él deja crecer. Custodia. Ayuda, pero en silencio.

Una actitud sabia que el Papa reconoce a muchos padres: la capacidad de esperar, sin reñir en seguida, incluso ante una equivocación. Es fundamental saber esperar, antes de decir la palabra capaz de hacer crecer. Esperar en silencio, como hace Dios con sus hijos, con los que tiene tanta paciencia.

En la homilía, el pontífice aclara que san José era un hombre concreto, pero con el corazón abierto, “el hombre de los sueños”, no “un soñador”.

El sueño es un lugar privilegiato para buscar la verdad, porque allí no nos defendemos de la verdad. Vienen y… Y Dios también habla en los sueños. No siempre, porque a menudo es nuestro inconsciente el que viene, pero Dios muchas veces ha elegido hablar en los sueños. Lo hizo muchas veces, en la Biblia se ve, ¿no? En los sueños. Pero José era el hombre de los sueños, pero no era un soñador, ¿eh? No era un fantasioso. Un soñador es otra cosa: es el que cree… va… está en las nubes y no tiene los pies en la tierra. José tenía los pies en la tierra. Pero era abierto.

Papa Francisco pide, en fin, no perder la capacidad de soñar, la capacidad de abrirse al mañana con confianza, a pesar de las dificultades que puedan surgir.

No pierdan la capacidad de soñar el futuro: cada uno de ustedes. Cada uno de nosotros: soñar nuestra familia, nuestros hijos, nuestros padres. Mirar como me gustaría que fuese su vida. También los sacerdotes: sueñen con sus fieles, lo que quisieran para ellos. Sueñen como sueñan los jóvenes, que no tienen “pudor” a la hora de soñar, y allí encuentran un camino. No pierdan la capacidad de soñar, porque soñar es abrir las puertas al futuro. Ser fecundos en el futuro.