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Desde hace más de 30 años, organizan la Navidad para los que están solos

Si alguna vez te tocó, sabrás lo que se siente. Y si no, puedes imaginarlo. A veces puede haber soluciones: un familiar, un amigo, hasta un vecino. Pero en ocasiones, y las hay muchas, muchos se encuentran ante la celebración de la Navidad sin nadie con quien pasarla.

En Córdoba, Argentina, una mesa común para quienes no tienen con quien pasar la Navidad volverá a recibir comensales este 24 de diciembre. Se trata de la “Navidad para solos”, celebrada cada año desde hace más de 30 por la Parroquia Cristo Obrero, Iglesia Nuestra Señora del Carmen, a cargo de los padres Carmelitas Descalzos.

Se trata de una actividad posible gracias al apoyo y el servicio de la comunidad parroquial, con servidores que se prestan a pasar una nochebuena sirviendo a los demás. La cita comenzará en el Templo del colegio Nuestra Señora del Huerto, con la celebración de la Misa, seguida por una cena, como dicen los organizadores, en “un lugar preparado como el de Belén, con un corazón gozoso como el de la Virgen María, humilde como el de San José y lleno de amor como el de Jesús el Hijo de Dios”. Todos los años, la comida se consigue gracias a la solidaridad de la comunidad, y este año colaborarán empresas de gaseosas y también desde el gobierno provincial y municipal. Entre los solos, muchas veces están los más pobres.

La iniciativa, que lleva más de 30 años en Córdoba, se da también en numerosas parroquias de toda la Argentina, como la parroquia Nuestra Señora de América, en José C Paz, Buenos Aires, donde la invitación es a llevar algo para compartir, “además del corazón”. No es tan solo una oportunidad para los que están solos, o no tienen con quien compartir, sino también compartir una Mesa de Nochebuena distinta, comunitaria.

En Buenos Aires, desde 1996 la comunidad san Egidio organiza los almuerzos de Navidad del 25, pensando en las familias más pobres, los ancianos, y los que viven en la calle. Este año, en distintas sedes, parroquias y hogares, prepararán el almuerzo para más de 2 mil personas. Lo mismo que en Córdoba, la invitación de siempre no es tan solo a los que buscan donde comer, sino también a los colaboradores que quieran servir, acercando donaciones, pero también repartiendo los alimentos y preparando la comida. No falta para los invitados de lujo, los pobres, un regalito, preparado y envuelto siempre con mucho amor.

Celebraciones similares se dan en todo el mundo. Pero cada hogar, cada casa, puede ser acogida para el solitario, para el inmigrante, para aquel que vive lejos de sus seres queridos y por temas económicos no podrá viajar. ¿Hay lugar en nuestra Mesa para el que pasará solo la Navidad?

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