2018 Break En América Iglesia

Un «Terremoto» que se replicó a magnitud sacerdotal

Más de una vez, San Juan Pablo II se refirió a la familia como una “Iglesia Domestica”; lugar propicio para el fortalecimiento de los valores y donde el amor familiar forje individuos con una personalidad, que pueda encontrar en los recuerdos; la firmeza para actuar en el presente, convencido de que la opción de estado de vida, elegida, es la correcta; aunque de niño se haya sido un “Terremoto”, así lo sostiene nuestro entrevistado, el Padre Juan Enrique Martínez, párroco de la comunidad eclesial, San Francisco de Asís en el Municipio de Valle de Ángeles, en la arquidiócesis de Tegucigalpa.

Travesuras| “Vivíamos en casa de mi abuela”, es lo que recuerdo; dice el Padre Juan. Mamá trabajaba todo el día empleada como doméstica y se podrá “Imaginar dos hermanos solos, éramos un terremoto”, fue un tiempo de muchas travesuras las que hacíamos con mi hermano-el también Padre Javier Martínez- pero la que nunca olvido, comenta; “Es la vez que llevaba a Javier en mi espalda y nos mecíamos en una liana, luego ya no lo sentí y es que se había caído en una fosa que había en el terreno”, fue tan chistoso verlo en el fondo que nunca lo olvido, “Reímos a carcajadas por un buen rato”, cita el Padre Juan.

Despreocupación| Eso lo experimentamos, “Cuando mamá pudo tener dinero para construir un cuartito en donde vivir, es esta; ahora más ampliada”- dice el Padre Martínez, señalando la sala en que se lleva a cabo la entrevista con Suyapa Medio-, pues ya no tendríamos la preocupación de ser desalojados por no tener para pagar el alquiler, expresó-y agrega-; para contribuir con los ingresos, “En la feria, veníamos con Javier a vender pan y tamales”, pues los primeros 12 años de mi vida, la pasamos sin Papá en la casa, pues trabajaba fuera y sólo a algunos días estaba con nosotros y un “Día anuncio que ya no salía más”, ese fue para  mí el momento más feliz de mi vida.

Expreso| Así fue el llamado de Dios para mí, comenta este sacerdote hondureño. En medio de las travesuras y una vida normal de niño y adolescente,-sin pensar en ser sacerdote, pues tenía otros ideales- “Pasaba mucho tiempo en la Iglesia, porque acompañaba a mi mamá a la misa”, grupos juveniles, siendo catequista; así se fue propiciando el llamado. Siendo el Padre Arismendi Salinas, párroco de esta comunidad y sirviéndose de él, hizo el llamado expreso, recuerda el Padre Juan. “Lo recuerdo bien, luego de un encuentro juvenil; me dijo ¿No quieres ser sacerdote? le dije que sí; sin pensar en todas las consecuencias que se iban a venir con esa llamada vocacional.

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