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Condenan a sacerdote, por no romper secreto de confesión

El Padre Alexander Stroobandt, sacerdote católico de la Diócesis de Brujas, Bélgica atendió espiritualmente a un hombre con depresión, que luego se suicidó; la esposa le denunció por no avisar.alexander_strrobandt2

Un tribunal belga afirmó que “el secreto de confesión” no se puede usar como defensa, al condenar “simbólicamente” a este sacerdote, que no contó los deseos de suicidio de una persona que le buscó en el Sacramento de la Penitencia.

 

El Padre Alexander Stroobandt atendió a Tony Vantomme de 54 años, que estaba luchando contra una depresión. Según la prensa internacional, “el sacerdote intercambió varias llamadas y mensajes de texto con esa persona, a la que conocía. No obstante, el penitente llevó a cabo su intención de acabar con su vida, inhalando humo en su coche con el tubo de escape”.

Al enterarse la esposa, que el Padre atendió a su esposo, presentó la denuncia. Según los reportes, señalan que “los fiscales adujeron en el juicio que nadie puede eludir la obligación de prestar socorro, pasando por alto el valor de ayuda la confesión, y la existencia de una obligación grave de secreto sacramental por parte de todo sacerdote católico”.

Aunque se trata de una condena simbólica, debido a que la corte de Brujas decidió finalmente condenar al padre Stroobandt a un mes de prisión condicional, que no debe cumplir, y a pagar un euro simbólico a la viuda en daños, es un tema que creó mucha controversia.

Bélgica es un país donde la eutanasia y el suicidio asistido está más que descontrolado (pasó de 234 eutanasias legales en 2003 a más de 2.200 en 2017) y los abogados hablan del «derecho a suicidarse», el tribunal habla ahora de la «obligación de proporcionar asistencia» (para evitar que el suicida se mate, no para ayudarle a matarse.

Tony Vantomme tenía depresión, problemas con la bebida y pensamientos suicidas (todo lo cual, dicho sea de paso, basta para pedir legalmente la eutanasia en el país de los belgas). Cuando tenía una crisis, telefoneaba a alguien, como un grito de auxilio, explica su viuda, Marleen, de 56 años.

Según el Catecismo de la Iglesia Católica en el numeral 1467 “Dada la delicadeza y la grandeza de este ministerio y el respeto debido a las personas, la Iglesia declara que todo sacerdote que oye confesiones está obligado a guardar un secreto absoluto sobre los pecados que sus penitentes le han confesado, bajo penas muy severas (CIC can. 983-984. 1388, §1; CCEO can 1456). Tampoco puede hacer uso de los conocimientos que la confesión le da sobre la vida de los penitentes. Este secreto, que no admite excepción, se llama «sigilo sacramental», porque lo que el penitente ha manifestado al sacerdote queda «sellado» por el sacramento”.

Un sacerdote que revela el secreto de la confesión, queda excomulgado automáticamente.

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