2018 Break En el Mundo Iglesia

El Papa Francisco pide asistencia material y espiritual para los cristianos perseguidos.

La solicitud expresa del pontífice para los miles de cristianos que son perseguidos en el medio oriente, se da en el marco de la asamblea-13 al 16 Noviembre 2018- de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén.  A sus miembros exhorto, dijo el Papa que “Junto a la labor de socorro material hacia esas poblaciones, oren e invoquen a la Virgen, Nuestra Señora de Palestina, para que el Señor de fortaleza y consuelo en el dolor a los cristianos perseguidos.

La misión de esta orden es proteger el Santo Sepulcro y se reúne cada cinco años en una asamblea, precisamente en la Sede de Pedro. Hoy en día unos 30.000 Caballeros y Damas de cuarenta naciones aproximadamente que forman parte de la misma. El compromiso espiritual de los miembros va acompañado por un gran apoyo de una ayuda económica a favor de la Iglesia que se encuentra en Tierra Santa, en particular del Patriarcado latino de Jerusalén, para coordinar el conjunto de la Orden, a nivel universal, se encuentra el Gran Maestre, un cardenal designado por el Papa – rodeado por un consejo de gobierno cuya sede se encuentra en Roma, es lo que se llama el Gran Magisterio.

ORDEN
En la actualidad, la Orden cuenta con alrededor de 30.000 miembros, damas y caballeros, organizados en 63 Lugartenencias y Delegaciones Magistrales presentes en 37 países del mundo.

La Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén, es una antigua Institución pontificia bajo la protección de la Santa Sede. El Papa Francisco recibió en audiencia a los participantes en la conclusión de la Consulta de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén, junto con el Gran Maestro cardenal Edwin O’Brien, y el Pro-Gran Prior, Mons. Pierbattista Pizzaballa

La Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén es una institución de carácter laical bajo la protección de la Santa Sede. Su objetivo es reforzar en sus miembros la práctica de la vida cristiana, sostener y ayudar las obras y las instituciones de la Iglesia Católica en la Tierra Santa en el sentido más amplio y generoso del término, y, particularmente, las del Patriarcado Latino de Jerusalén, que incluye también Chipre y Jordania, para apoyar y sostener la presencia cristiana en la Tierra Santa.

A continuación publicamos el discurso que el Papa dirigio a los presentes en la audiencia.

¡Queridos hermanos y hermanas!

Os doy la bienvenida al final de la Consulta de los Miembros del Gran Magisterio y de los Lugartenientes de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén. Saludo y doy las gracias al cardenal Edwin O’Brien, Gran Maestro, y al Gran Prior, el obispo Pierbattista Pizzaballa. Saludo a los Miembros del Gran Magisterio, junto con los Lugartenientes de las naciones y de los lugares donde está presente la Orden. Y, con vosotros, saludo a la entera familia de caballeros y damas de todo el mundo. Agradezco a todos vosotros las numerosas actividades espirituales y de caridad que realizáis en beneficio de las poblaciones de Tierra Santa.

Os habéis reunido para los trabajos de la Consulta, la asamblea general que se celebra cada cinco años en la sede de Pedro. Aquí en el Vaticano, estáis, de alguna manera, en casa, ya que constituís una antigua institución pontificia colocada bajo la protección de la Santa Sede. Desde la última Consulta de 2013, la Orden ha crecido en el número de sus miembros, en la expansión geográfica con la creación de nuevas articulaciones periféricas, en la asistencia material que ha ofrecido a la Iglesia en Tierra Santa y en el número de peregrinaciones de vuestros miembros. Agradezco vuestro apoyo a los programas de utilidad pastoral y cultural y os aliento a continuar con vuestro compromiso, al lado del Patriarcado Latino, para hacer frente a la crisis de refugiados que en los últimos cinco años ha llevado a la Iglesia a proporcionar una respuesta humanitaria significativa en toda la región.

Es una buena señal que vuestras iniciativas en el campo de la formación y la asistencia sanitaria estén abiertas a todos, independientemente de las comunidades a las que pertenezcan y de la religión profesada. De esta manera, contribuís a allanar el camino hacia el conocimiento de los valores cristianos, la promoción del diálogo interreligioso, el respeto mutuo y el entendimiento recíproco. En otras palabras, con vuestro compromiso meritorio, también vosotros dais  vuestra aportación a la construcción de esa senda que llevará, como todos esperamos, al logro de la paz en la entera región.

Sé que esta semana habéis centrado vuestra atención en el papel de los dirigentes locales, o lugartenientes, presentes en más de treinta naciones y zonas del mundo donde vuestra Orden está activa. Ciertamente, el crecimiento continuo de la Orden depende de vuestro compromiso incesante y siempre renovado. En este sentido, es importante no olvidar que el propósito principal de vuestra Orden radica en el crecimiento espiritual de sus miembros. Por lo tanto, cualquier éxito de vuestras iniciativas no puede prescindir de los programas de formación religiosa apropiados dirigidos a cada caballero y a cada dama, para que consoliden su relación indispensable con el Señor Jesús, especialmente en la oración, en la meditación de las Sagradas Escrituras y en la profundización de la doctrina de la iglesia. Es sobre todo  tarea de vosotros, los dirigentes, ofrecer un ejemplo de vida espiritual intensa y de adhesión concreta al Señor: así podréis prestar un servicio válido de autoridad a aquellos que están sujetos a vosotros.

Por lo que concierne a vuestra misión en el mundo, no olvidéis que no sois un ente filantrópico comprometido con la promoción de la mejora material y social de los destinatarios. Estáis llamados a poner en el centro y como objetivo final de vuestras obras el amor evangélico al  prójimo, para testimoniar en todas partes  la bondad y el cuidado con que Dios ama a todos. La admisión en vuestra Orden de obispos, sacerdotes y diáconos no es en absoluto una condecoración. Es parte de sus tareas de servicio pastoral ayudar a aquellos que entre vosotros  tienen un rol de responsabilidad brindando ocasiones de oración comunitaria y  litúrgica en todos los niveles, oportunidades espirituales continuas y catequesis para la formación permanente y para el crecimiento de todos los miembros de la Orden. .

Está frente a todo el mundo,- que con demasiada frecuencia dirige su mirada hacia otro lado-, la dramática situación de los cristianos que son perseguidos y asesinados en un número cada vez mayor. Además de su martirio de sangre, también existe su “martirio blanco”, como por ejemplo el que tiene lugar  en los países democráticos cuando la libertad de religión es limitada. Y este es el martirio blanco diario de la Iglesia en esos lugares. A la labor de ayuda material para las personas tan duramente tratadas, os exhorto  a unir siempre la oración, a invocar constantemente a Nuestra Señora, a quien veneráis con el título de “Nuestra Señora de Palestina”. Ella es la Madre amorosa y el Auxilio de los cristianos, para quienes obtiene del Señor la fortaleza y el consuelo en el dolor.

El icono de Nuestra Señora de los Cristianos Perseguidos, que bendeciré dentro de poco y que todos vosotros recibiréis para llevarla a cada una de vuestras Lugartenencias, acompañe vuestro camino Invoquemos juntos la solicitud de María por la Iglesia en Tierra Santa y, más generalmente, en el Medio Oriente, junto con su intercesión especial por aquellos cuya vida y libertad están en peligro. Acompaño vuestra obra preciosa e infatigable con mi bendición, y os pido por favor  que  recéis por mí.

Gracias.