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Ordenarán tercer diácono permanente de la Arquidiócesis de Tegucigalpa

WhatsApp Image 2018-11-12 at 8.36.17 AM.jpegEl señor Hugo Mejía será el tercer diácono permanente de la Arquidiócesis de Tegucigalpa. Esta información fue dada a conocer por el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez en los ejercicios espirituales del clero arquidiocesano.

Será ordenado el próximo 1 de diciembre en la Iglesia Catedral a las 10 de la mañana, junto al seminarista Carlos Lagos, que recibirá el diaconado transitorio en vistas al sacerdocio. El nuevo diácono es de la cuasi parroquia Cristo Sumo y Eterno Sacerdote de esta capital.  El candidato al diaconado permanente, Hugo Mejía fue admitido a este sacramento en los ejercicios espirituales. Recibió el acolitado, como preparación a este sacramento.

El primer diácono permanente de Honduras es Elio David Alvarenga, rector de la Universidad Católica y le acompaña en este ministerio, el diácono Carlos Echeverría, formador del Seminario Mayor y colaborador en la parroquia Cristo de las Mercedes de Santa Lucía. Cabe destacar que en la Arquidiócesis, también sirve como diácono permanente José Peñate, un misionero salvadoreño que trabaja en la cuasi parroquia Santísima Trinidad de la capital.

Un diácono puede bautizar, bendecir matrimonios, asistir a los enfermos con el viático, celebrar la liturgia de la Palabra, predicar, evangelizar y catequizar. No puede, a diferencia del sacerdote, celebrar el sacramento de la Eucaristía (misa), confesar o administrar el sacramento de la unción de los enfermos.

Qué es un diácono permanente

Son hombres que reciben el Sacramento del Orden en el grado del diaconado. Pueden ser célibes, casados o viudos. La palabra diácono significa el que sirve. Cristo dijo que había venido no para que le sirvieran, sino para servir, y para dar la vida por todos.

Desde los tiempos de los apóstoles surgieron hombres dedicados al servicio del altar: «Hombres de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo; mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra. Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía; los presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos.» Hechos de los Apóstoles 6, 3 -6.

La historia de la Iglesia observó la figura de los diáconos como una gran ayuda para que los presbíteros pudieran desarrollar su ministerio. El Concilio Vaticano II ha redescubierto su valor y así ha establecido y sugerido, donde sea oportuno, el establecimiento de diáconos permanentes, es decir, hombres jóvenes o maduros que se dedican al servicio de la Iglesia.

Pueden ser diáconos permanentes todos aquellos varones bautizados que han recibido la debida preparación. Si son célibes, deberán permanecer célibes y si son casados permanecerán como tales. Si enviudan, no pueden volverse a casar, salvo una dispensa expresa, ya que como clérigos atentan inválidamente el matrimonio quienes han recibido las órdenes sagradas. (Canon 1087 del Código de Derecho Canónico).

“Corresponde a los diáconos, entre otras cosas, asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad (Catecismo de la Iglesia Católica, 1570).

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