Buenas Nuevas

“Monedas en el tesoro”


Palabra de vida
En el evangelio nos encontramos en el templo de Jerusalén y Jesús está sentado en el patio de las mujeres, donde había trece cajas con aperturas en forma de trompa para recoger las ofrendas voluntarias e impuestas para los administradores del templo.

Tony Salinas Avery
Sacerdote
Dos viudas son las protagonistas de la Palabra de Dios de este domingo. Elías y Jesús fijan sus miradas en ellas. ¿Qué era ser viuda en tiempos de ellos? Hay que decir en primer lugar que era una situación bien dramática, con la pérdida del marido y no tenían quien les garantizaran personalidad jurídica y tutela y a menudo se reducían a la mendicidad, a merced de la prepotencia de los demás. El relato de la viuda en relación a Elías lo vamos a escuchar en la primera lectura (1Re 17,10-16). En el evangelio nos encontramos en el templo de Jerusalén y Jesús está sentado en el patio de las mujeres, donde había trece cajas con aperturas en forma de trompa para recoger las ofrendas voluntarias e impuestas para los administradores del templo. Llegar hasta una de ellas y hacer oír el ruido de las monedas era un momento para el reconocimiento público, una confirmación de méritos, un status social y eclesiástico de respeto, subrayado y confirmado por el agradecimiento y la atención del sacerdote de turno. Lógico entonces, que nadie le pondría atención a una pobre viuda, que apenas había echado dos leptá, la moneda más pequeña de cobre en circulación. Aquel “octavo” (un cuarto de as, según el sistema monetario romano) a los ojos de Dios se vuelve superior a todas las grandes sumas de los oferentes, porque representó el “todo” de una persona, en griego se dice incluso más sugestivamente “toda la vida” de esa viuda. Ambas viudas son hoy para todos los creyentes, puntos referentes para pensar si somos verdaderos discípulos, porque ellas nos enseñan que hay que confiar plenamente en Dios. Y, sobre todo, ellas habían comprendido el célebre dicho de san Pablo a la comunidad de Éfeso: “Más alegría hay en el dar que en el recibir” (Hch 20,35).