Caminar Punto de Vista

Amor oblativo

No hay duda que la generosidad más dañina es la del corruptor incansable, la del lavador de dinero y del negociante en droga en busca de defensa o apoyo, incluso legal, cuyos dineros no blanquean con el más fuerte de los detergentes.

José Nelson Durón V.
Columnista
Al recibir se pone a prueba nuestra naturaleza. Y hay muchas maneras de agradecer, que revelan de alguna manera lo que hemos aprendido; hay también muchas maneras de generosidad: dar, regalar, compartir, gratificar, facilitar, conceder y otras. En estos actos de sugerida generosidad pueden esconderse agendas de diferente naturaleza y pueden ocultar propósitos de ventajas posteriores o actitudes favorables, en algunos casos aviesos. Por ello, en el existir humano siempre es conveniente tratar de discernir las motivaciones de los otros. Por ejemplo los políticos, cuyo interés primordial es acceder al poder y, con él, a oportunidades de todo tipo, incluso el del enriquecimiento a costa del bien de su pueblo, muestra de perfidia y de carácter avieso (perfidia viene de per (transgredir, más allá) y de fides (fe, confianza). Ciertos políticos en todo momento abogan por la violencia, el desaliento y el descontento extremo para “llevar agua” a sus polutas conciencias y deseos, y desprecian la paz.
No hay duda que la generosidad más dañina es la del corruptor incansable, la del lavador de dinero y del negociante en droga en busca de defensa o apoyo, incluso legal, cuyos dineros no blanquean con el más fuerte de los detergentes. Por lo contrario, Dios no pide a cambio más que amor, hacia Él y hacia el prójimo, que demuestre una interioridad más parecida a la esencia divina, cuya generosidad llega a todos. Dos viudas nos dan hoy ejemplo de agradecimiento entero, al dar todo lo que tienen. Esta generosidad solo puede ser correspondida, más allá del agradecimiento, con la entrega en las manos de Dios, fuente de todo bien. Un amor oblativo, que no diferencia, sino que ama las afinidades y aprecia las desemejanzas. Del que dan la Iglesia y los miles de presbíteros, diáconos, religiosos y monjas, que por todo el mundo reparten la palabra de Dios traducida en amor, paz, salud, educación, cultura, ciencia y otros, en una universidad virtual al servicio de todos.

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