2018 Break En el Mundo Iglesia

Iglesia Católica e Iglesia Asiria de Oriente, avanzan en el reconocimiento mutuo y el testimonio compartido del Evangelio.

Así está plasmado en el texto de  la Declaración común que firmaron recientemente en la Santa Sede; el Papa Francisco y el Catholicos-Patriarca de la Iglesia Asiria de Oriente, Mar Gewargis III.  La impresión de las rubricas en dicha declaración se da en el marco  de un nuevo encuentro ecuménico entre ambos líderes cristianos. “Un motivo particular para dar gracias a Dios que tenemos en común es la Comisión para el diálogo teológico entre la Iglesia Católica y la Iglesia Asiria de Oriente”, cito en su discurso el Papa Francisco. Quien además señalo que “Hace apenas un año tuve la alegría de dar la bienvenida a sus miembros con motivo de la firma de la Declaración Común sobre la “vida sacramental”.

Esta comisión, expreso Su Santidad Francisco, es  fruto del diálogo y muestra que las diferencias prácticas y disciplinarias no siempre son un obstáculo para la unidad, y que algunas diferencias en las expresiones teológicas pueden considerarse complementarias en lugar de conflictivas.

En la declaración también se menciona el compromiso “permanente del peregrinaje hacia la unidad visible”, así también la unidad en oración de intercesión y en acercamiento caritativo a estos los miembros sufrientes del cuerpo de Cristo, en referencia a la persecución de los cristianos en el Medio Oriente. “Ante esta situación, nos unimos a nuestros hermanos y hermanas perseguidos, para hacernos voz de los que no la tienen. Juntos haremos todo lo posible para aliviar su sufrimiento y ayudarlos a encontrar maneras de comenzar una nueva vida”.

III FIRMA DE ACUERDO
Deseamos, se lee en la declaración, “afirmar una vez más que no es posible imaginar el Medio Oriente sin los cristianos”.

A Continuación la Declaración común del Papa Francisco y del  Catholicos Patriarca Mar Gewargis III

1. Alabando a la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, nosotros, el Papa Francisco y el Catholicos Patriarca Mar Gewargis III, elevamos nuestras mentes y corazones en acción de gracias al Todopoderoso por la creciente cercanía en la fe y el amor entre la Iglesia Asiria de Oriente y la iglesia católica. Nuestro encuentro de hoy como hermanos se hace eco de las palabras del bendito apóstol Pablo: “Paz a  los hermanos, y caridad con fe, de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo” (Efesios 6:23).

2. En las últimas décadas, nuestras Iglesias se han acercado más que nunca antes en el curso de los siglos. Desde su primer encuentro en Roma en 1984, nuestros predecesores de bendita memoria, el Papa San Juan Pablo II y el Catholicos Patriarca Mar Dinkha IV, se embarcaron en un itinerario de diálogo. Estamos muy agradecidos por los frutos de este diálogo de amor y verdad, que confirman que una diversidad de costumbres y disciplinas no es en absoluto un obstáculo para la unidad, y que ciertas diferencias en las expresiones teológicas a menudo son complementarias en lugar de conflictivas. Esperamos que nuestro diálogo teológico nos ayude a allanar el camino hacia el día tan esperado en el que podamos celebrar juntos el sacrificio del Señor en el mismo altar. Mientras tanto, tenemos la intención de avanzar en el reconocimiento mutuo y el testimonio compartido del Evangelio. Nuestro Bautismo común es el fundamento sólido de la comunión real que ya existe entre nosotros: “en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados para no formar más que un cuerpo” (1 Corintios 12:13). Caminando juntos en confianza, buscamos la caridad que “une todo en perfecta armonía” (Col. 3:14).

3. En nuestro peregrinaje hacia la unidad visible, experimentamos un sufrimiento común, derivado de la dramática situación de nuestros hermanos y hermanas cristianos en el Medio Oriente, especialmente en Irak y Siria. El significado de la presencia y misión cristiana en el Medio Oriente se puso una vez más en evidencia durante la Jornada de Oración y Reflexión celebrada en Bari el 7 de julio de 2018, cuando los Jefes de Iglesias y comunidades cristianas de Medio Oriente se reunieron para orar y hablar unos con otros. La Buena Nueva de Jesús, crucificado y resucitado por amor, vino del Medio Oriente y conquistó  los corazones humanos a través de los siglos, no debido al poder mundano sino al poder desarmado de la Cruz. Sin embargo, durante décadas, el Medio Oriente ha sido un epicentro de violencia en el que poblaciones enteras soportan duras pruebas día tras día. Cientos de miles de hombres, mujeres y niños inocentes sufren inmensamente a causa de conflictos violentos que nada puede justificar. Las guerras y las persecuciones han aumentado el éxodo de los cristianos de las tierras donde han convivido con otras comunidades religiosas desde la época de los apóstoles. Sin distinción de rito o confesión, sufren por profesar el nombre de Cristo. En ellos, vemos el Cuerpo de Cristo que, hoy también, está afligido, golpeado y vilipendiado. Estamos profundamente unidos en nuestra oración de intercesión y en nuestro acercamiento caritativo a estos miembros sufrientes del cuerpo de Cristo.

4. En medio de tal sufrimiento, cuyo final inmediato imploramos, continuamos viendo hermanos y hermanas que recorren el camino de la cruz, siguiendo dócilmente los pasos de Cristo, en unión con el que nos reconcilió con su cruz “derribando el muro que los separaba, la enemistad”(cf. Ef 2, 14-16). Estamos agradecidos a estos hermanos y hermanas nuestros, que nos inspiran a seguir el camino de Jesús para vencer la enemistad. Les agradecemos el testimonio que dan al Reino de Dios por las relaciones fraternales que existen entre sus diversas comunidades. Así como la sangre de Cristo, derramada por amor, trajo la reconciliación y la unidad, e hizo florecer a la Iglesia, la sangre de estos mártires de nuestro tiempo, miembros de varias Iglesias pero unidas por su sufrimiento compartido, es la semilla de la unidad cristiana.

5. Ante esta situación, nos unimos a nuestros hermanos y hermanas perseguidos, para hacernos voz de los que no la tienen. Juntos haremos todo lo posible para aliviar su sufrimiento y ayudarlos a encontrar maneras de comenzar una nueva vida. Deseamos afirmar una vez más que no es posible imaginar el Medio Oriente sin los cristianos. Esta convicción se basa no solo en motivos religiosos, sino también en realidades sociales y culturales, ya que los cristianos, junto con otros creyentes, contribuyen en gran medida a la identidad específica de la región: un lugar de tolerancia, respeto mutuo y aceptación. El Medio Oriente sin cristianos ya no sería el Medio Oriente.

6. Convencidos de que los cristianos permanecerán en la región solo si se restablece la paz, elevamos nuestras sinceras oraciones a Cristo, el Príncipe de la Paz, pidiendo el regreso de ese “fruto de la justicia” esencial (cf. Is 32:17) . Una tregua mantenida por muros y demostraciones de poder no conducirá a la paz, ya que la paz auténtica solo puede lograrse y defenderse a través de la escucha y el diálogo mutuos. Por lo tanto, pedimos una vez más a la comunidad internacional que implemente una solución política que reconozca los derechos y deberes de todas las partes involucradas. Estamos convencidos de la necesidad de garantizar los derechos de cada persona. La primacía de la ley, incluido el respeto por la libertad religiosa y la igualdad ante la ley, basada en el principio de “ciudadanía”, independientemente del origen étnico o de la religión, es un principio fundamental para el establecimiento y la defensa de una coexistencia estable y productiva entre los pueblos y comunidades del Medio Oriente. Los cristianos no quieren ser considerados una “minoría protegida” o un grupo tolerado, sino ciudadanos de pleno título cuyos derechos están garantizados y defendidos, junto con los de todos los demás ciudadanos.

7.Finalmente, reafirmamos que cuanto más difícil es la situación, más necesario es el diálogo interreligioso basado en una actitud de apertura, verdad y amor. Este diálogo es también el mejor antídoto contra el extremismo, que es una amenaza para los seguidores de todas las religiones.

8. Reunidos aquí en Roma, oramos juntos a los apóstoles Pedro y Pablo para que a través de su intercesión, Dios otorgue sus abundantes bendiciones a los cristianos de Oriente Medio. Pedimos a la Santísima Trinidad, modelo de verdadera unidad en la diversidad, que fortalezcamos nuestros corazones para que podamos responder al llamado del Señor de que sus discípulos sean uno en Cristo (cf. Jn 17, 21). Que el Todopoderoso que ha comenzado esta buena obra en nosotros la complete en Cristo Jesús (cf. Fil 1: 6).

Desde el Vaticano, 9 de noviembre de 2018

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