Caminar Punto de Vista

Sueño y verdad

Él pone el dedo en la llaga, sin amor no hay salvación, porque no puede amarse a Dios si no se ama al prójimo. Y viceversa; es el amor el ámbito en que alma, instinto y albedrío, realidad y sueño se unen.
José Nelson Durón V.
Columnista
Sueño americano, sinónimo de norte; ¿tiene acaso el sueño orientación? Podría estar en el sur, por aquí cerca o en la misma casa. Soñar es construir castillos y pretender alcanzar una estrella; es vivir el futuro con esperanza y el alma en ansiosas ascuas, anticipando gozos, paz inconmovible y despertares asombrosos. ¿No es acaso la verdad un sueño? Y el sueño, ¿una apetecida verdad? Es un hecho que no puede ser falso el sueño, si acaso lejano o imposible, pero aparentemente real, aunque poblado de azares y luchas: “Que tanto gusto había en quejarse, un filósofo decía, que, a trueco de quejarse, había las desdichas de buscarse… Mas ¿qué haremos, señora, a pie, solos, perdidos y a esta hora en un desierto monte, cuando se parte el sol a otro horizonte?” (Segismundo, quejándose) … “¿y teniendo yo más alma, tengo menos libertad?; ¿y yo, con mejor instinto, tengo menos libertad?; ¿y yo, con más albedrío, tengo menos libertad? … Ya os conozco, ya os conozco, … para mí no hay fingimientos; desengañado ya, sé bien que la vida es sueño.” (La vida es sueño, Pedro Calderón de la Barca).
En la lectura del Evangelio de hoy el escriba no está haciendo una pregunta capciosa; hace una pregunta honesta: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Había 613 mandamientos en el Antiguo Testamento y él quería saber “cuál era el primero”, el mayor. Inmediatamente Jesús responde con El Deuteronomio 6: 2-6, que es nuestra primera lectura de hoy: “Amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser, con todas tus fuerzas” y añade un segundo Mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mc 12,11). Él pone el dedo en la llaga, sin amor no hay salvación, porque no puede amarse a Dios si no se ama al prójimo. Y viceversa; es el amor el ámbito en que alma, instinto y albedrío, realidad y sueño se unen. Mientras no dejemos que el Señor libere nuestras almas de sujeciones e intereses egoístas, no podremos rescatarlas, ni alcanzar el último sueño: el cielo, la tierra prometida, donde mana la leche y la miel.