Punto de Vista Reflexión

Guapinol

Seamos honestos, este es uno de los tantos casos en el país que son bombas de tiempo porque los abusos del medio ambiente, producto de la avaricia de algunos mal llamados empresarios, que pretenden sacar toda la ganancia posible.

Juan Ángel López Padilla
Sacerdote
Escribo estas líneas rogándole a Dios que cuando vean la luz en nuestro rotativo, el conflicto que se ha desbordado en el Aguán, haya encontrado la ruta hacia una resolución definitiva, en la que se respete la ley y se garantice la dignidad de los pueblos que han sido afectados por la explotación inmisericorde de los recursos naturales.
Seamos honestos, este es uno de los tantos casos en el país que son bombas de tiempo porque los abusos del medio ambiente, producto de la avaricia de algunos mal llamados empresarios, que pretenden sacar toda la ganancia posible de proyectos que no son sostenibles, pero que a ellos solo les importa que sean explotables. Insisto en que no es asunto de generalizar, pero que los hay, los hay.
Estamos claros que el desarrollo de un país como el nuestro, no será posible, sin el uso de los recursos que se nos han encomendado por la Providencia Divina. Sin embargo, precisamente porque los recursos no son ilimitados, debemos darles un uso racional y no sólo legal. Las leyes, en un país como el nuestro y dado los intereses que se barajan en el poder legislativo, disculpen que no lo ponga en mayúscula como correspondería, pero con las actitudes de la mayoría de los que ocupan esas curules creo que es en minúscula, son muchas veces el resultado de transacciones, acuerdos y componendas. No necesariamente porque exista una ley o un acuerdo legislativo, eso lo hace correcto. No es necesario poner ejemplos porque todos los días vemos como la interpretación de la ley, su aplicación, son una nebulosa más grande que la de Andrómeda.
Con todo esto, nada justifica el uso de la violencia, el uso de las armas. Ninguna vida humana vale las riquezas que se puedan extraer de la tierra.
Sea que se trate de grupos irregulares armados o de gente hastiada de ver cómo se conculcan sus derechos, o del uso excesivo de la fuerza de las fuerzas del orden, lo cierto es que esto no debe repetirse nunca más.
El nivel de conflictividad en el país es demasiado alto y en estos momentos de crisis se necesitan personas de valor que se atrevan a dejar de lado sus particularismos y, sobre todo, sus partidismos. Es urgente que nos escuchemos de manera respetuosa, que escuchemos a nuestros hermanos que se ven obligados a dejar el país y a estos que se encuentran, en Copán, en el Valle del Aguán tratando de defender la Casa Común.
No podemos seguir ahondando nuestras diferencias como si eso nos hace mejores personas, mejores ciudadanos. No es el momento para tomar opciones desproporcionadas sino inteligentes y con sentido común. Este es el momento para que aparezca el verdadero liderazgo y no esos señores que padecen de una miopía espiritual y moral que nos tiene como nos tiene.
Valiente no es el que destruye sino el que pudiendo hacerlo opta por construir aunque sus ambiciones no se cumplan.