Punto de Vista Reflexión

La inmadurez

Aquí nadie está asumiendo la cuota de responsabilidad por lo mal manejado que históricamente a estado el erario público. No hay planes conjuntos de desarrollo sostenible, no existe respeto por la ley y lo único que cuenta es llegar al poder.

Juan Ángel López Padilla
Sacerdote
Es claro que toda persona aspira a desarrollarse, a crecer, a madurar. No puede ser considerado como un sano proceso humano, el que alguno quiera continuar con infantilismos o con posiciones adolescentes y, aunque en el desarrollo humano siempre habrá retrocesos, atrasos y condicionantes para el crecimiento, esto no significa que se justifique el permanecer en la misma actitud.

En nuestra patria, lamentablemente, nuestros dirigentes son muchas veces un conjunto de niños empecinados en seguirlo siendo. La madurez no es su meta y tampoco entienden que, dicha madurez, no viene necesariamente con los años.

El primer elemento que prueba que una persona es madura, es cuando aprende a asumir responsabilidades sin andar culpabilizando a los otros de lo mal que van las cosas. De eso no se entiende en la Honduras de acá, ni en la de allá.

Cada crisis, debería ser vista como una oportunidad para la madura reflexión, la corrección y el propósito firme de salir adelante. Pero, como buenos niños egoístas a los que es un insulto decirles que aprendan a compartir, los nuestros lo único que les importa es que su nombre sea mencionado, su criterio regado en las redes sociales, aunque lo que estén sosteniendo sea una burda y desfachatada mentira.

Aquí nadie está asumiendo la cuota de responsabilidad por lo mal manejado que históricamente a estado el erario público. No hay planes conjuntos de desarrollo sostenible, no existe respeto por la ley y lo único que cuenta es llegar al poder. Cueste lo que cueste y se lleve de encuentro a quién sea. Una persona madura es equilibrada, sabe reconocer los aciertos de los demás y no pierde nada al reconocerlos. Aprende de los otros, sabe dialogar y respetar. Pero eso: “no se oye, Padre”.

Una persona madura, además, es crítica pero no criticona. Es capaz de sostener sus posiciones sin perder los estribos, sin menospreciar al otro y sin pretender jugar con la dignidad de los demás.Aquí, mientras nos ocupamos en culpar al gobierno de todo o a los partidos de oposición, o a Donald Trump o al lobo de la Caperucita, se nos están escurriendo como agua entre las manos, miles de hondureños a los que poco les importa que esté, este o aquel, sentado en la silla presidencial. Les importa comer, tener oportunidades para que sus hijos crezcan sin estar permanentemente a merced de los más cobardes de los seres de este terruño que son los extorsionadores y los que los empujan.

Al final, el inmaduro seguirá reclamándole a la Iglesia que porqué no hemos hecho nada o porqué no hemos hablado, pero como es un inmaduro, no tendrá sentido histórico y menos gallardía para aceptar que los únicos que han estado con el dedo en el renglón desde hace décadas, son los hermanos de la Pastoral de Movilidad Humana. A ellos, por su equilibrio y madurez, les rindo mi oración y mi gratitud.

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