Buenas Nuevas

“Fueron a Jericó”

Palabra de vida | “Fueron a Jericó”
La tragedia más grande para el ser humano, es la falta de visión, de contemplar con los ojos físicos el rostro de los demás y vida misma plasmada en la creación. Lo maravilloso del ciego de Jericó, es que parece que nunca se acostumbró a la oscuridad, su esperanza estaba siempre como una llama encendida.

Tony Salinas Avery
Sacerdote
Hoy el evangelio de este domingo, nos lleva a lo inusual de los relatos evangélicos: el que nos den el nombre del hombre curado Bartimeo, que en hebreo significa “hijo de Timeo” y luego la precisión local de dónde ocurrió el milagro. En efecto, hay una referencia a Jericó, la ciudad más antigua del mundo, situada en un oasis de tres kilómetros de diámetro, colocada en el valle del Jordán a casi 300 metros bajo del nivel del mar. A través de la lectura profunda de esta perícopa, descubrimos su significado mesiánico y espiritual. En este milagro se ve definida la vocación y la fe del discípulo de Jesús-Mesías. Se trata del poder que tiene el Cristo para iluminar totalmente la vida del hombre, que ya no debe, una vez que se ha encontrado con Él, caminar a la deriva del camino, harapiento y viajando de un lugar a otro en búsqueda del sentido último de su vida, con la tristeza por estandarte y lo que es peor envuelto en una total oscuridad. La salvación llega como “luz”, respuesta a ese grito de noche: “Jesús que yo pueda ver”. “Vete tu fe te ha salvado” ¡el ciego pudo ver! La tragedia más grande para el ser humano, entre otras, es la falta de visión, de contemplar con los ojos físicos el rostro de los demás y vida misma plasmada en la creación. Lo maravilloso del ciego de Jericó, es que parece que nunca se acostumbró a la oscuridad, su esperanza estaba siempre como una llama encendida, y desde allí desde su más rico interior lleno de esa esperanza, podía ver, allí siempre tenía luz, sus ojos eran más intensos que los físicos que no podían absolutamente ver nada. Y, “¡se hizo la luz!”. Todo milagro salido de las manos de Jesús es volver al amor original, de Aquél que nos creó, para que tengamos vida plena. Se cumple con exactitud el refrán: “La esperanza es lo último que se pierde”.