Editorial

Clausura un acontecimiento singular

Editorial del Domingo 28 de Octubre de 2018
Clausura un acontecimiento singular
Los jóvenes están convencidos que la deshumanización de la sociedad puede ser cambiada. Cuando son capaces de escuchar con valor al Espíritu, no existe cabida en su corazón para soportar la injusticia.

Este domingo, en Roma, clausura el “Sínodo de los jóvenes”. Han sido 25 días en que el Papa, Cardenales, Obispos, Sacerdotes, Religiosas y especialistas Laicos, todos venidos de distintos lugares, junto con un grupo multinacional de jóvenes, han estado reunidos. Han compartido el tema importantísimo “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Un total de 267 Personas haciendo aportes. Por Honduras, ha asistido Mons. José Antonio Canales responsable de la Pastoral de la Juventud de CEH.
Ha sido un evento trascendental en la vida de la Iglesia contemporánea. Puesto que en muchas naciones, los jóvenes representan la mayoría de la población, además es el tiempo en que se define el sentido de la vida de la Persona; y tienen gran entusiasmo y mucha energía que suelen poner en aquellos asuntos que les apasionan. Razones por las cuales el Papa Francisco les ha comunicado “que los llevo en el corazón”.
El Papa convocó a los jóvenes al Sínodo para que, como miembros de la Iglesia puedan
“salir” a un futuro no conocido, pero prometedor de seguras realizaciones, a cuyo encuentro el Padre mismo les acompaña. El Papa Francisco les habló de la siguiente forma: “los invito a escuchar la voz de Dios que resuena en el corazón de cada uno a través del soplo vital del Espíritu Santo”.
Los jóvenes tienen altos ideales, la mayoría está pensando en alcanzar una “tierra nueva” que no es más que una sociedad, más justa y fraterna; que desean construir hasta llegar a las periferias, allí donde hay más abuso, injusticia e irrespeto. Donde el valor de la vida es muy bajo, y donde muchos jóvenes tienen que huir para escapar de la violencia criminal. Salir de su propio lar para poder conservar la existencia.
Los jóvenes están convencidos que la deshumanización de la sociedad puede ser cambiada. Cuando son capaces de escuchar con valor al Espíritu, no existe cabida en su corazón para soportar la injusticia, aceptar la práctica de una cultura del descarte, ni adaptarse a la globalización de la indiferencia.
Con estas Valores y Principios que constituyen una riqueza para la Iglesia, se convocó el Sínodo para que los jóvenes dejaran oír su voz frente a los Pastores, y manifestar su fe, sus ilusiones, sus dudas y sus críticas. Y es que la Pastoral Juvenil es un elemento vital del futuro de la Iglesia, es la cuna donde se fortalecen con nuevos miembros las otras Pastorales. Es el lugar de encuentro con la oración, el discernimiento y el sitio más propicio para sentir el llamado de la vocación religiosa.
En el Sínodo los jóvenes participantes han jugado un papel protagónico ayudando a los Pastores en el escrutinio de los “signos de los tiempos”, así como a discernir “a la luz del Evangelio lo que el Espíritu Santo está diciendo a la Iglesia”.
De los aportes del Sínodo puede surgir una re-imaginación de las Parroquias y sus estructuras actuales, para que a los jóvenes se les escuchen, se les aprecien y se les animen. Hay que recordar que los jóvenes no son simples objetos de evangelización y de Ministerio pastoral, sino que son Agentes de Evangelización de unos a otros y para toda la Iglesia. El Sínodo los ha señalado como protagonistas dotados por el Espíritu para ser participantes de la nueva evangelización. Necesitan acompañamiento espiritual.
El Documento que resulte del Sínodo no es el final de un proceso de discernimiento, sino el principio. Las Conferencias Episcopales se harán cargo de las nuevas etapas de reflexión, por lo cual, el Sínodo lo hagan de tal forma que Grupos regionales, Diócesis. Parroquias y Familias sepan discernir para que la “llama del Espíritu” se difunda.
Las intervenciones realizadas por los jóvenes en el Sínodo, hechas con mucha fuerza y alegría, han sido decisivas para suscitar admiración de los Pastores, por la gran riqueza que significa su incorporación activa en la vida de la Iglesia.
Como lo expresara el Señor Jesús: “No todo el que me diga Señor….Señor entrará en el Reino de los Cielos….sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial”.