Punto de Vista Reflexión

Los Santos

Los corruptos siguen siendo los dueños de nuestros países y, sea por las razones que sea, siguen orillando a nuestra gente a huir de sus tierras.

Juan Ángel López Padilla
Sacerdote
Hace unos días, un gentil lector de esta columna me preguntó el porqué no había escrito nada sobre las canonizaciones, la semana pasada. Reconozco que quise hacerlo pero consideré mucho más prudente escribir después del evento y con el sentimiento de lo vivido ese 14 de octubre. Públicamente lo dije, y lo sostengo, que ese ha sido uno de los días que más he esperado en mi vida: la canonización de Pablo VI.
Otra lectora me reclamó el porqué yo hablaba tanto de San Pablo VI y no de San Óscar Romero. Que ella consideraba que era una falta de, cito: “centroamericanismo”.
En fin, después de, por enésima vez comprobar que con nadie se queda bien, paso a verter mi opinión.
Pablo VI “no sonreía mucho”, decía un conferencista que alcancé a escuchar en estos días, pero eso no significa que no amase mucho. Su amor era la Iglesia, la Iglesia de su Señor. Vivió crisis terribles y sufrió muchísimo por seguir la voz de su conciencia frente a tanto ataque venido de fuera y de dentro de la Iglesia.
En estos días en que hay algunos dedicados, adentro y afuera, a subrayar los errores y las faltas de algunos hermanos, conviene poner la mirada sobre los santos y no sobre los que han errado, los que han traicionado su vocación y su ministerio.
Pablo VI es digno de ser imitado, en todo sentido. Fiel, firme, pero sobre todo uno que hizo honor al nombre que adoptó. Casi podría parafrasear a Pablo frente a los “súper apóstoles” que se creen perfectos pero lo único que tienen “perfecta”, es la lengua.
San Óscar Romero es otro que supo mantenerse firme, a pesar de los ataques, las amenazas y los rechazos, de dentro y de fuera. Es sorprendente como ¡aún ahora pueda haber quien cuestiona su proceder!
El problema es que lo que él denunció y que le causó la muerte, no ha cesado, casi me atrevería a decir que se ha agravado. Las condiciones de vida de nuestra gente siguen siendo deplorables. La violencia sigue, porque aunque bajen los índices de homicidios, la injusticia social sigue creciendo porque no se combate la corrupción. Los corruptos siguen siendo los dueños de nuestros países y, sea por las razones que sea, siguen orillando a nuestra gente a huir de sus tierras. Basta ver esa “caravana” de compatriotas que, engañados o no, se encaminan en busca del “sueño americano” y lo único que pido a Dios, por la intercesión de los nuevos santos, es que no se les torne en una pesadilla.
Quienquiera esté detrás de esa movilización, porque eso no es espontáneo, apunta a crear una crisis sin precedentes y seguramente le quitará el sueño a varios. No podemos predecir el resultado, pero a como se vea, el panorama no pinta para nada positivo. En crisis como esta se prueba quién tiene autoridad, no quien tiene potestad. De autoridad moral sabían los santos.