Editorial

Amenazas a la familia

Editorial del Domingo 21 de Octubre de 2018
Amenazas a la familia
Es lastimoso que muchas personas se hayan unido a esa marcha, que ojala no haya sido organizada con el ingrediente de motivaciones políticas, pues ello equivaldría a la instrumentalización de las necesidades esenciales de sus participantes.

La mejor definición de la familia es conceptuarla como “un don de Dios”. Pues ella es el medio a través del cual, se forja la personalidad de las personas que la integran. En la familia, además, se refleja el amor que Dios tiene, por cada uno de sus miembros. Este intenso amor divino es evidenciado, en la intimidad del compartir y convivir, entre padres hijos y hermanos.
Desafortunadamente, esa riqueza del compartir y de la formación humana resultante, no tiene posibilidad de ocurrir, cuando la familia está viviendo la tragedia de la pobreza. En esas circunstancias, por una reacción de supervivencia, la familia se disgrega buscando cada uno de sus miembros, como encontrar los medios necesarios para subsistir.
A ello se debe la presencia de madres e hijos que se concentran, todos los días, en las esquinas de las arterias viales más concurridas, de las principales ciudades hondureñas; acechando y pidiendo dinero a los automovilistas que se detienen en esos sitios. Y cada día, esta concentración de indigentes crece.
El problema se acentúa, día con día. Por lo que estos niños y jóvenes, son proclives a ser devorados por los peligros de la drogadicción; la pertenencia a pandillas; a la trata de personas etc. Ello hace evidente que sin la presencia de la familia, las personas están sujetas a un futuro sin esperanza.
Otro efecto de la pobreza es la separación familiar. Cuando algunos de sus miembros toman la decisión de emigrar a lejanas tierras, en busca de un trabajo que les permita mantenerse y ayudar a la familia. Con esta pérdida de miembros, las familias desvirtúan su rol formativo.
Esta falta de empleo que abate a Honduras, ha llevado a la desesperación a muchas familias que con mucha espontaneidad, se han organizado en una marcha de migrantes para llegar a los Estados Unidos, donde pretender cruzar las fronteras de aquel país de manera ilegal. O la alternativa es pedir asilo en México, donde suponen será más fácil que en Honduras, el poder obtener un empleo.
Lo más seguro será que todo su esfuerzo será inútil, pues se están enfrentando a las políticas anti-inmigratorias del Presidente Trump. De manera que lo más probable es que sean deportados desde México, que actualmente es el sitio de donde más se está expulsando a los hondureños. Es lastimoso que muchas personas se hayan unido a esa marcha, que ojala no haya sido organizada con el ingrediente de motivaciones políticas, pues ello equivaldría a la instrumentalización de las necesidades esenciales de sus participantes.
Pero también existe el otro extremo. O sea familias con todos los medios materiales para satisfacer sus necesidades, pero cautivas del materialismo y con un estilo de vida que lesiona a los miembros de la familia. Lo que sucede cuando se adoptan formas de vida y costumbres contrarias a la moral cristiana. Y se destruyen, el matrimonio y la familia, por la avaricia, la búsqueda incesante de placer y por adquirir posiciones de poder.
Se puede afirmar que el destino de Honduras depende del fortalecimiento de la institución de la familia. Hay que trabajar por familias bien constituidas, quienes constituirán el mayor recurso para el desarrollo de la nación. También la familia debe ser ambiente ideal de transmisión fidedigna de formación religiosa. Por último las familias deben ser, por su experiencia de convivencia solidaria quienes lideren la ayuda que debe fluir a los hogares destruidos por las recientes lluvias que afectaron el centro y el sur del país. Existe mucha necesidad y es preciso ser generoso y desprendido, para satisfacer las necesidades de los damnificados.
Así lo expresó el Señor Jesús: ”Lo que hagan a uno de estos mis hermanos más pequeños ….a Mí me lo hacen”.