Reflexión

Auto-destructivos

Auto-destructivos
El problema, y a mi parecer es un grandísimo problema, es que la temporada lluviosa no ha terminado y al descubierto a quedado nuestra vulnerabilidad, nuestra incapacidad de prevenir y de planificar.

Juan Ángel López Padilla
Sacerdote

Una de las cosas que no deja de sorprenderme de nuestro bello país es nuestra increíble capacidad autodestructiva.
Los resultados de las lluvias torrenciales de la mal llamada, “Semana Morazánica”, porque este tipo de denominaciones niegan el valor de estos feriados y los desvirtúan, nos demostraron que nuestro descuido, nuestros abusos, tarde o temprano nos pasan factura.
Pero lo autodestructivo no acaba ahí. Un acontecimiento como estos, debió sacar lo mejor de nosotros y unirnos como nación, pero en su lugar fue usado, una vez más, por los que sin sentido de humanidad buscan responder a un concepto de política que es todo lo contrario al correcto ejercicio del arte del buen gobierno o de la búsqueda del bien común.
Somos autodestructivos porque no podemos superar ese afán que tenemos de ver a todos como enemigos y de no desaprovechar oportunidad, para echarle tierra a los oponentes, como si eso nos hiciera mejores personas, como si con eso lográsemos, algo de valor.
Es correcto, claro, señalar los errores que se cometieron en el manejo de la crisis, pero también es de personas, con un cierto sentido de responsabilidad, señalar los aciertos y reconocer que en algo se ha avanzado en la organización y manejo de las crisis. Nos falta mucho, sin duda, pero no es correcto ponernos, en medio de la situación de calamidad a señalar culpables porque al final, culpables somos todos, con esa pasmosa indiferencia con la que tratamos a nuestra Casa Común.
No es asunto de ponerse del lado de la oposición o del lado del gobierno. Es asunto de ponernos todos del lado de los que necesitan de nuestra solidaridad, de nuestro sentido de familia. No son los que pueden valerse por sí mismos los que salen afectados en la mayoría de estas circunstancias.
Se han promovido algunas acciones concretas para auxiliar a nuestros hermanos de la zona sur, pero permítanme objetar que, cuando quién promueve esa acción es una institución del gobierno central o local, no están haciendo nada de especial porque esa es su responsabilidad. Alabo a los que hacen tanto sin andarlo publicitando, apelando a la consciencia de todos y a la corresponsabilidad de todos.
El problema, y a mi parecer es un grandísimo problema, es que la temporada lluviosa no ha terminado y al descubierto a quedado nuestra vulnerabilidad, nuestra incapacidad de prevenir y de planificar. Prevenir porque seguimos con un desorden increíble al permitir tanta gente viviendo en las riberas de los ríos. Hay que aspirar a un plan de ordenamiento territorial serio, porque ese jueguito de que los partidos políticos si saben en qué cuadra y donde viven sus achichincles, es decir, tienen “mapeado” todo el territorio nacional, pero los votos no flotan y detrás de cada uno de ellos hay personas concretas.
Igualmente, deberíamos de aprender todos a tratar estas situaciones, a nivel de medios de comunicación, con mucha menos morbosidad y descaro por aprovechar una primicia, sin comunicarla con ética.