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Nunzio Zulpricio Beato

El futuro santo había sido un joven obrero italiano de la Región de los Abruzos, a quien el Papa Pablo VI beatificó el 1° de diciembre de 1963. 

“Nunzio Sulprizio terminó santamente su vida temporal en Nápoles el 5 de mayo de 1836, cuando solamente contaba diecinueve años. En julio de 1859 pío IX lo declaró venerable, en virtud del decreto que introducía el proceso que ahora acaba de terminar, y León XIII, en 1891, declaró heroicas las virtudes del joven de Abruzos, comparando su figura a la de San Luis Gonzaga, con motivo del tercer centenario de la muerte de este santo, por la devoción que Nunzio Sulprizio le dispensó, y por la brevedad con que ambos cerraron el ciclo de su vida en la tierra, distintos en el aspecto histórico y social, los dos jóvenes proporcionan a la Iglesia el gozo y la gloria de una misma virtud: la santidad juvenil”. 

 “Nunzio Sulprizio terminó santamente su vida temporal en Nápoles el 5 de mayo de 1836, cuando solamente contaba diecinueve años. En julio de 1859 pío IX lo declaró venerable, en virtud del decreto que introducía el proceso que ahora acaba de terminar, y León XIII, en 1891, declaró heroicas las virtudes del joven de Abruzos, comparando su figura a la de San Luis Gonzaga, con motivo del tercer centenario de la muerte de este santo, por la devoción que Nunzio Sulprizio le dispensó, y por la brevedad con que ambos cerraron el ciclo de su vida en la tierra, distintos en el aspecto histórico y social, los dos jóvenes proporcionan a la Iglesia el gozo y la gloria de una misma virtud: la santidad juvenil”.

Breve Biografía

Nació el 13 de abril de 1817 en Pescosansonesco, cerca de Pescara. Pronto se quedó huérfano y trabajó como orfebre o herrero a las órdenes de su tío Domingo Luciani, Después vivió con un tío quien lo maltrataba; a consecuencia de una paliza, el tío le provocó a Nuncio una lesión en el tobillo que dañó el hueso y se tornó incurable.

Pese a su frágil salud fue obligado a trabajar en la herrería de su pariente como aprendiz, donde -sin considerar lo adverso del medio en el aspecto religioso- dedicaba tiempo a la oración. Ingresó en el hospital de San Salvador de L’Aquila (1831).

Su conducta ejemplar le ganó la estima de sus compañeros, quienes lo llamaban el pequeño santo cojo. En época de huelgas compartía su exiguo salario con aquellos que no recibían sueldo, que le hacía trabajar más allá de sus fuerzas.

En 1832, fue a Nápoles al lado de otro tío, Francisco Sulprizio. La lesión en su pierna le causaba un sufrimiento atroz y fue internado en el Hospital de incurables de santa María del Pueblo, gracias a las gestiones del coronel Wochinger, quien, al fin, lo llevó consigo (1834), aunque su pierna todavía no estaba curada, pero los médicos no quisieron amputarla por la debilidad orgánica del muchacho.

Se impuso un reglamento de vida cristiana que observó con toda fidelidad. Su paciencia en soportar la mala salud y la desgracia (supo mantener la castidad en medio de los males sociales de su época) hicieron que fuera propuesto como modelo para los jóvenes y trabajadores. Vivió cristianamente durante sus 19 años, dando siempre ejemplo de caridad y entrega. Siempre profesó gran devoción a María Santísima.

Quienes lo conocieron en el nosocomio de Nápoles -donde murió-, lo consideraban santo. Antes de morir dijo: “¡Oh, la Virgen María, vean cuan bella es!”. Murió en Nápoles. Fue beatificado por el beato Pablo VI el 1 de diciembre de 1963. Protector de inválidos y de víctimas de accidentes de trabajo.

El 8 de junio de 2018 el Papa Francisco autorizó promulgar el Decreto del milagro atribuido a la intercesión del Beato Nunzio Sulprizio, por lo que tan sólo resta se señale la fecha en que se realizará la ceremonia de canonización.