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Beato Vicente Romano

En el primer trimestre del 2018, la sala de prensa de la Santa Sede hizo público que el  6 de marzo de 2018, el Santo Padre Francisco recibió en audiencia a Su Eminencia Reverendísima el cardenal Angelo Amato, S.D.B., Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. En esta, el Sumo Pontífice permitió a la Congregación de proclamar el decreto relativo al milagro atribuido a la intercesión del Beato Vicente Romano. Del latín, “el vencedor” vivió entre los años 1751-1831. Nace y muere en Torre del Greco, Nápoles, Italia.

Según datos del Martirologio Romano: El beato Vicente Romano, presbítero, siendo párroco, se dedicó con todas sus fuerzas a la educación de los niños y a las necesidades de los obreros y pescadores. Su fecha de beatificación fue el 17 de noviembre de 1963 por S.S. Pablo VI, con fecha 20 de diciembre para su dedicación.

Breve Biografía.

Nació en Torre de Greco (Nápoles), en el seno de una modesta y piadosa familia. Quiso ingresar en el seminario de Nápoles, pero al haber muchos seminaristas, no le dejaron entrar. Después intentó hacer el noviciado en la Compañía de Jesús, pero por fín fue acogido en el seminario diocesano de Nápoles, donde tuvo como director espiritual al venerable Mariano Arciero.

Es ordenado sacerdote en 1775 volvió a su pueblo natal, donde pasó el resto de su vida. Fue un padre para los huérfanos, un consolador para los afligidos y un protector para los oprimidos. Durante la erupción del Vesubio de 1794, se prodigó en la asistencia de la población y reconstruyó la parroquia de su pueblo que había sido destruída.

Para el año de 1796 es desiganado ecónomo de la parroquia de la Santa Cruz, tres años después es nombrado párroco, asi también canónigo de la colegiata. Adelantándose a su tiempo instituyó la “misa práctica”, o sea una misa en la que desde el púlpito un sacerdote iba explicando a los fieles las ceremonias y sugiriéndoles los sentimientos y pensamientos más apropiados para una mejor participación en la eucaristía.

Se ocupó de los pescadores, de su situación social y de su vida espiritual; y de la espiritualidad del clero rural. Fue un gran devoto del Sagrado Corazón. Fue perseguido primero, por los invasores franceses y después, por algunas sociedades políticas italianas.

Partió a la morada celestial producto de una neumonía, su tumba; en la parroquia, se convirtió en lugar de peregrinación. A lo largo de la historia de la Iglesia Católica en Italia, trasciende que será el primer sacerdote diocesano italiano elevado al honor de los altares.