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Participación de Honduras en el Sínodo

Monseñor José Antonio Canales, es el representante de la Conferencia Episcopal de Honduras en el Sínodo de los Obispos. Como parte de esta experiencia, presentó su ponencia ante todos los prelados, en la que destacó el papel de los jóvenes campesinos del mundo. En las redes sociales de Monseñor Canales, expresó que estar en el Sínodo se sentía como “una asamblea de la ONU” por la diversidad de nacionalidades que en este lugar convergen.

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Mensaje El obispo hondureño expresó que “son millones los jóvenes que se quedan en el campo, con todas las limitaciones en las que se incluyen las relacionadas con el desarrollo positivo y adecuado de su fe y su discernimiento vocacional, me refiero específicamente a la presencia sólo ocasional de la figura sacerdotal, de religiosos y religiosas y de laicos verdaderamente preparados y que son los primeramente llamados a ser acompañantes en su crecimiento de conocer cada día más a Jesucristo y el Evangelio”.

Oportunidad Monseñor Canales señaló que hay personas capaces para realizar este acompañamiento, pero “como Iglesia no hemos aprovechado y por lo tanto promocionado y capacitado a estas personas para acompañar a los jóvenes del campo, tan huérfanos en esta materia”. Por lo que instó a que “La Iglesia, a través de las comunidades parroquiales y locales se preocupara y hará todo lo posible, para que los jóvenes campesinos puedan tener, en sus mismas pequeñas comunidades, personas que además de los valores cristianos y humanos, tengan la capacidad para orientarles en el crecimiento de su fe y en la búsqueda del estilo de vida al que Dios les llama, o sea en su discernimiento vocacional.”

DATO SÍNODO HONDURAS

MENSAJE COMPLETO DE MONSEÑOR CANALES EN EL SÍNODO:

Alocución sobre “LAS CUALIDADES DE QUIENES ACOMPAÑAN

Parte II números 130-132

JOSÉ ANTONIO CANALES MOTIÑO

Obispo de Danlí, HONDURAS

Queridos hermanos obispos:

Es quizá de todos conocido, la tendencia mundial hacia la urbe, la migración que parece imparable de millones de personas del campo a la ciudad. No cabe duda que los principales protagonistas de esta migración son los jóvenes, cargados de ilusiones y esperanzas por un futuro mejor que, piensan, les asegura la ciudad y no la sencilla vida campesina generalmente agrícola y ganadera casi totalmente sin las modernas tecnologías, que aparentemente aseguran el progreso personal y familiar.

Sin embargo, son también millones los jóvenes que se quedan en el campo, con todas las limitaciones en las que se incluyen las relacionadas con el desarrollo positivo y adecuado de su fe y su discernimiento vocacional, me refiero específicamente a la presencia sólo ocasional de la figura sacerdotal, de religiosos y religiosas y de laicos verdaderamente preparados y que son los primeramente llamados a ser acompañantes en su crecimiento de conocer cada día más a Jesucristo y el Evangelio y al mismo tiempo descubrir que pueden contar con él para discernir el rumbo vocacional de sus vidas.

Es cierto, que en el campo como en la ciudad, encontramos personas que tienen el perfil humano ideal para ser acompañantes de los jóvenes en el progreso de su fe y discernimiento vocacional, como los describe el número 132 del Instrumentum Laboris de este Sínodo, se trata de auténticos cristianos, comprometidos con la Iglesia y con el mundo, personas que buscan constantemente la santidad, que comprenden sin juzgar, que saben escuchar activamente las necesidades de los jóvenes, que responden con amabilidad, que son bondadosos y conscientes de sí mismos, que reconocen sus límites y que conocen la alegría y el sufrimiento que todo camino espiritual conlleva. Lamentablemente como Iglesia no hemos aprovechado y por lo tanto promocionado y capacitado a estas personas para acompañar a los jóvenes del campo, tan huérfanos en esta materia.

En resumen, “La Iglesia, a través de las comunidades parroquiales y locales se preocupara y hará todo lo posible, para que los jóvenes campesinos puedan tener, en sus mismas pequeñas comunidades, personas que además de los valores cristianos y humanos, tengan la capacidad para orientarles en el crecimiento de su fe y en la búsqueda del estilo de vida al que Dios les llama, o sea en su discernimiento vocacional. La capacitación, que en parte pueda venir de las ciencias humanas, como la psicología, es de trascendental importancia.”

Muchas gracias