Homilia

“No se lo impidan, porque quién hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mi” (Mc. 9, 37-42)

Homilía del Domingo 30 de Septiembre de 2018
“No se lo impidan, porque quién hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mi” (Mc. 9, 37-42).
Con estas palabras Jesús descalifica el exclusivismo y la intolerancia como opuestos a su seguimiento.

“Dijo Juan a Jesús: Hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros”. Solo pronunciar esta frase, supone alguna clase de exclusión y una falta de comprensión del evangelio. La respuesta de Jesús es: “No se lo impidan” …. Lo que importa es que el bien sea hecho. El sectarismo y la intolerancia no tienen sitio en la comunidad cristiana. Estas palabras de Jesús son una invitación a la tolerancia, al respeto y a la alegría por el bien, lo haga quien lo haga. La exclusión sectaria, y la pretensión de monopolizar el bien y la verdad son actitudes extrañas a la comunidad de Jesús. Jesús tampoco es patrimonio exclusivo de la comunidad eclesial.
¿Qué significa hoy “echar demonios”? Echar demonios hoy significa justamente, liberar de las esclavitudes, y de todo aquello que deshumaniza… echar demonios es luchar contra el mal, contra todo aquello que impide una vida plena… Todos los que, de alguna manera, trabajan por el crecimiento y la liberación de la vida del ser humano “están con nosotros” …. Los cristianos, lejos de creernos portadores únicos de salvación, estamos llamados a acoger con gozo, esa corriente de vida que se abre camino en la historia de la humanidad, no solo en la Iglesia sino también en todos los ámbitos de la cultura y de los movimientos solidarios de la sociedad.
Después Jesús añade:” el que les de a beber un vaso de agua… ”. Dar un vaso de agua es una expresión concreta de acogida y de solidaridad…. Los hechos más pequeños e insignificantes, si han tenido en cuenta a las personas y han sido una ayuda para ellas, no quedarán sin recompensa. “Dar un vaso de agua” era el modo de hablar de la época que no debemos de entenderlo al pie de la letra. Jesús quiere decir que cualquier acción que ayude a los demás a ser más humanos, beneficia primero al que lo hace. La recompensa está en la misma acción. A continuación, Jesús advierte:” El que escandalice a uno de esos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una rueda de molino y lo echasen al mar. “. Escandalizar en griego significa “la piedra con la que se puede tropezar “. Escandaliza todo aquel que con su actuación obstaculiza el poder vivir una vida humana digna. En este sentido, hoy vivimos en una sociedad “escandalosa” en la que se estimulan actuaciones inhumanas.
Podemos preguntarnos ¿cuál es el mayor “escándalo” de nuestro mundo? El mayor escándalo es que permanezcamos impasibles ante la miseria e injusticia de millones de seres humanos. La desigualdad económica y social, es hoy un gran escándalo que nos está llevando al individualismo, a la inseguridad y a la marginación de los más débiles. La agresividad, la violencia, las descalificaciones destructivas, las guerras, son un escándalo en nuestra sociedad… El mayor escándalo es la experiencia de los millones de hombres y mujeres sin sueldo y sin trabajo suficiente, mientras los ricos de las multinacionales almacenan dinero abstracto, virtual. Pero que mata muy en concreto a los más pobres.
Por último, Jesús hace una llamada a vivir la radicalidad en su seguimiento:
“Y, si tu mano te induce a pecar, córtatela… si tu pie te induce a pecar, córtatelo… si tu ojo te induce a pecar, sácatelo…. “. Son imágenes muy expresivas de una llamada a la radicalidad en la manera de vivir el Evangelio: “cortarse la mano”, “cortarse el pie”, “sacarse el ojo” cuando eso es un obstáculo para la Vida… es una invitación a una liberación profunda de todo mal, de todo lo que nos esclaviza y ahoga la vida en cada uno de nosotros.
¿Qué es lo que quiere decir Jesús con estas expresiones? Lo que Jesús quiere decir es que toda actividad (simbolizada por “la mano”), todo camino (representado en “el pie”) o todo el deseo (expresado en “el ojo”) que pone en peligro nuestro propio crecimiento y el de los otros hay que suprimirlo. Estas palabras nos invitan a ser radicales, a ir a la raíz cuando lo que está en juego es entrar en la Vida y nos enseñan que ante el don del Reino no vale la mediocridad.
El Evangelio de hoy es una llamada a la radicalidad en el seguimiento de Jesús. Esta radicalidad sólo es posible si vivimos de una certeza: la de habernos encontrado interiormente con Jesús y haber experimentado una auténtica fascinación por Él y por la novedad y la belleza del Evangelio. Este encuentro cambia profundamente nuestra vida. Sin este encuentro vital con Jesús, no es posible vivir de esta manera; es el encuentro con El, el que conmueve toda nuestra existencia y nos asegura una alegría que nadie podrá quitarnos. Que vueltos a Él, podamos decirle: Señor, ayúdanos a tirar los muros que nos dividen. Rompe las barreras que nos retienen lejos de Ti y danos la fuerza para seguirte siempre, todos los días de nuestra vida.