Buenas Nuevas

“No era de los nuestros”

Palabra de vida | “No era de los nuestros”
Este domingo la enseñanza se basa en las opciones radicales que debe de realizar quien se dedica al ministerio apostolado.

Tony Salinas Avery
Sacerdote
Una de las maneras de definir al Evangelio de Marcos, es la de llamarle el Evangelio del “Camino”. Al comienzo del Evangelio, San Marcos habla del ángel que prepara “su camino” (1,2), “el camino del Señor” (1,3). La voz del que grita en el desierto es la del Bautista: “Preparad el camino del Señor” (1,3). Y luego Jesús se convierte Él mismo en el camino; y su camino se dirige a Jerusalén (10,32). Jesús sigue avanzando continuamente por ese camino. Al final, en la tumba vacía del Señor resucitado, encontramos a un joven que anuncia a las mujeres: “Id …Decid a sus discípulos y a Pedro: Va delante de vosotros a Galilea. Allí le veréis” (16,7). Jesús es el que va por delante, el que señala el camino tanto hacia la cruz como hacia la gloria. Pues bien, en este camino hacia Jerusalén y la cruz, a San Marcos le gusta introducir pequeños discursos dirigidos por Jesús a los discípulos. Este domingo la enseñanza se basa en las opciones radicales que debe de realizar quien se dedica al ministerio apostolado. Este domingo se trata de dos escenas que ocupan el texto evangélico. La primera la podríamos intitular: “la escena del exorcista extraño”. Se trata pues de uno que no es del grupo de los seguidores de Cristo, pero que logra liberar del mal y de la enfermedad a muchas personas. La reacción del apóstol Juan es la característica de los integralistas de todos los tiempos que conciben la salvación como un monopolio de su grupo, y la fe y el bien como un privilegio personal: “Se lo hemos prohibido porque no era de los nuestros”. Están convencidos de tener la exclusividad sobre toda la verdad, sobre todos los valores y sobre toda la salvación. La segunda escena, marcada cuatro veces por el verbo “escandalizar”, un término de origen griego que significa literalmente “tropezar” contra una piedra y caer. Se puede hacer caer por tierra con el propio comportamiento superficial o perverso a un “pequeño”, es decir, un hermano todavía débil en la fe.