Caminar Punto de Vista

Preguntas incómodas

La Iglesia, Cuerpo de Cristo, apacienta el pueblo de Dios (Jn 21,15-17) bajo la mirada suave del Señor, que es su Cabeza; ella es responsable de la conservación de la doctrina, la santa Biblia y la fe en Dios, Trino y Uno.

José Nelson Durón V.
Columnista
Más de alguna cavilación surge al pensar en tantas creencias y sentencias repetidas a menudo sin conocer sus orígenes y motivaciones. Afirmaciones como: Jesús no vino por iglesias o religiones, nadie se salva por obras, María es mujer como cualquier otra, la venganza es mía, etc., lo único que provocan es discusiones, ignoran los profundos fundamentos que el Señor Jesús enseñó a Sus discípulos, e, incluso, llegan a insinuar que se ha dejado de tener fe en la verdadera Divinidad y se encuentran sustitutos, humanos o no, de la última realidad que todo lo sostiene: Dios.
Da temor pensar en las consecuencias de desviaciones como éstas, que llegan hasta a atribuir al Señor reacciones injustas o violentas, al estilo humano más impulsivo; hay quienes, incluso, han llegado a exaltar tanto a personas de éxito y a circunstancias o poderes actuales, como el dinero y el poder en sí mismo, que lo constituyen en la causa última de la vida. La Iglesia ha sufrido constante persecución desde sus primeros días, persiste actualmente y es causa de confusión doctrinal y teológica. La Iglesia, Cuerpo de Cristo, apacienta el pueblo de Dios (Jn 21,15-17) bajo la mirada suave del Señor, que es su Cabeza; ella es responsable de la conservación de la doctrina, la santa Biblia y la fe en Dios, Trino y Uno; y medita permanentemente sobre sus propias convicciones, aprendidas del mismo Señor, como dice san Marcos al contar la razón por la que el Señor no quería que nadie supiera que iba con Sus discípulos: “porque les iba enseñando” (Mc 9,30).
La carta de Santiago dice: “Donde hay envidias y rivalidades, ahí hay desorden y toda clase de obras malas… los que tienen la sabiduría que viene de Dios son… amantes de la paz, comprensivos, dóciles… siembran la paz y cosechan frutos de justicia”. “¿De dónde vienen las luchas y los conflictos entre ustedes? ¿No es, acaso, de las malas pasiones, que siempre están en guerra dentro de ustedes?” La búsqueda de la verdad y la prudencia son necesarias siempre.