Punto de Vista Reflexión

El uso de la Biblia

La Biblia no es el camino, ese es Cristo y como diría muy bien el primer gran teólogo sistemático de la antigüedad, ella se explica por sí misma porque nos habla de Aquel que lo ha creado todo.

Juan Ángel López Padilla, Sacerdote
Llegados prácticamente al final de este Mes de la Biblia considerado así, a razón de la figura de san Jerónimo, patrono de los biblistas, no deja de sorprenderme el mal uso que cada día se hace de las Sagradas Escrituras. De hecho, el uso indebido, la interpretación sin sentido eclesial y esa “libre interpretación” que ha pasado a ser libre locura, y que es lo que más daño nos está haciendo.
Es decir, la mala lectura de las Sagradas Escrituras nos está llevando, por un lado, a un reduccionismo, y por otro lado a una absolutización, no del mensaje que la palabra de Dios, sino de lo que tal o cual pastor o pastora interpretan como cierto.
No podemos negar que, en nuestro país, ha aumentado el conocimiento de las Sagradas Escrituras, pero debemos cuestionar fuertemente la formación previa que se ofrece a aquellos a quienes se pretende evangelizar o educar a partir de ellas. Si escuchando las entrevistas que se hicieron a varios alumnos en los desfiles patrios, era notario el prácticamente nulo conocimiento de la historia patria, imagínense como será a nivel de la Palabra de Dios.
Es muy lamentable, como la Palabra de Dios está siendo utilizada para generar división, incluso para promover odio. Todo esto responde a las intenciones con las que los predicadores pretenden dar a conocer muchas veces, lo que no es el sentido original de la Palabra de Dios escrita sino de ideas particulares que muchas veces lo que buscan es sostener intereses particulares. Basta para ello pensar, en como, en algunas denominaciones pseudo religiosas han puesto el acento en auto denominarse como apóstoles o profetas, o ponen el acento en el diezmo, o en la práctica de tal o cual ejercicio piadoso y no en la caridad, en el conocimiento de Cristo, muerto y resucitado que no espera de nosotros una adhesión de tipo sentimental, sino un compromiso que se traduzca en obras concretas.
La Biblia no es lo que algunos han hecho de ella al convertirla en un simple recetario, en un documento que no actualiza sino que ahoga, que asfixia. La Biblia no es el camino, ese es Cristo y como diría muy bien el primer gran teólogo sistemático de la antigüedad, ella se explica por sí misma porque nos habla de Aquel que lo ha creado todo. O como diría san Jerónimo, desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo.
La Biblia no es Palabra increada, sino historia de la relación de Dios con un pueblo que muchas veces le fue infiel y al que Él seguía buscando con paciencia y amor. El cristianismo no es religión de un libro, aunque este tenga tanto valor. No seguimos lo escrito sino a Aquel de quién se nos habla en lo escrito. La Biblia nació en una comunidad y debe ser leída e interpretada, en comunidad.