Caminar

El Dios que amamos

Abundan los púlpitos donde tratan de domesticar a Dios y reducirlo hasta el ámbito de intereses propios, inventando profecías humanas a favor de figuras que mañana serán un negocio seguro.José Nelson Durón V.
Columnista
Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Menuda pregunta. Si este diálogo sucediese hoy, seguro estarían respondidas toda las cuestiones sobre los misterios de Dios y del hombre, porque de fáciles y seguros está lleno el mundo. Las respuestas están llenas de seguridades basadas en presunciones y falsas premisas, porque a Dios lo fabricamos a nuestro gusto y paciencia, con nuestras particularidades y hasta impaciencias y defectos. Hay quien culpa y acusa a Dios por sus necesidades y limitaciones, mientras otros, por creernos buenitos, seguro que amaneceremos ricos y famosos. Creerse cristiano por ir a la Iglesia, es como creerse hamburguesa por ir a McDonald´s. Reprender enfermedades, tormentas y demonios no funciona con una fe condicionada o mal dirigida. No, hermano. Abundan los púlpitos donde tratan de domesticar a Dios y reducirlo hasta el ámbito de intereses propios, inventando profecías humanas a favor de figuras que mañana serán un negocio seguro.
Y yo, ¿Quién digo que es Usted, mi Señor? Me la paso creyendo que Usted dirige mis pasos o camina a mi lado, mientras niego a mis hermanos siquiera el abrazo de una mirada cordial, la suavidad de un estoy contigo y la caridad de mi comprensión. ¿A qué dios creo seguir? A Dios, que me llama a amar, confesar mis pecados, negaciones, acosos y maldades; que me llama a la santa Eucaristía, ¿o a aquellos que afirman que Usted no dijo lo que quería decir; que pare de sufrir; que pague el diezmo porque Usted me lo multiplicará; que la Iglesia que Usted fundó hizo esto y aquello y ha conservado su falsedad por veinte siglos y un tanto más? Hoy, utilizando fuertes palabras para que resuenen por los siglos, dice Usted a san Pedro, que se escandaliza con el anuncio de su sufrimiento y muerte: “«¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres»”. Claro y fuerte, definitivo. Como lo fue al decirle tres veces: “«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero. Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos»”.