Buenas Nuevas

Palabra de vida |“Effatá, es decir, ¡Ábrete!”

Dejemos hermanos, que la Biblia vuelva a ocupar su lugar, de mensaje que se oye para que podamos luego proclamar.

Tony Salinas Avery
Sacerdote
El centro de la narración evangélica de este domingo, está en la palabra “Effatá” es decir, “¡Ábrete!” que Jesús pronuncia en la lengua común de su tiempo, el arameo. El contexto o su telón de fondo es precisamente esa área territorial de Galilea, la Decápolis, región habitada por paganos, llamada también a recibir el mensaje de la salvación que Jesús trae. De aquí que en el gesto de Jesús para con el sordomudo, está anunciando a estos pueblos, que la salvación allí presente, da el gran mandato: “¡Ábrete!”. Para el enfermo “inmediatamente” se le abrieron los oídos y se le soltó la lengua. Ahora es el “inmediatamente” para esos pueblos, que ante el poder de la palabra divina, deberán escuchar y luego proclamar ese mensaje que les ha devuelto la vida. Pero también, en el sordomudo se encuentra el retrato del creyente que profesa su fe, rompiendo el silencio del pecado y del hombre viejo.
Hermoso Evangelio para acompañarnos durante este mes dedicado a la Biblia. En efecto, en la Biblia está contenida la Palabra de Dios, la Palabra de Cristo, que dirigida al hombre de oídos y labios cerrados, debe escuchar su imperativo: “¡Effatá!”. La Palabra de Cristo, es como la de Dios, obra y libera, trastorna las fronteras del dolor y de la miseria, “abriéndolas” a la irrupción de la esperanza y de la alegría. En este domingo, más que ver un prodigio espectacular, Jesús quiere hacer un acto que transforme sobre todo la conciencia: los oídos sordos en la Biblia son a menudo signo de un corazón indiferente. Sin la palabra eficaz de Cristo el hombre permanece sordo al evangelio. Por eso en el antiguo rito bautismal, se introdujo el rito del Effatá sobre el niño que acaba de ser bautizado para que ahora sea el que escuche la Palabra de Dios y la comunique a los demás con sus labios y con su vida. Dejemos hermanos, que la Biblia vuelva a ocupar su lugar, de mensaje que se oye para que podamos luego proclamar.