Caminar

Orden, armonía y provecho

En el plano temporal, deberíamos pensar como recomienda san Ireneo y buscar el orden en nuestras cosas y pensamientos, de tal manera que, con el escuchar generoso de opiniones ajenas podamos encontrar armonía.

José Nelson Durón V.
Columnista
Se percibe un creciente sincretismo religioso en afirmaciones y prédicas de hermanos no católicos, que recurren a términos y costumbres originadas en el caminar teológico y doctrinal de la Iglesia a lo largo de veintitantos siglos de existencia. Como resultado del acercamiento virtual y del coincidir en actos públicos y privados, es inevitable el rozamiento de la sapiencia teológica, bíblica y espiritual católicas con el pensamiento y obrar protestante, como pude dichosamente observar en un reciente momento de oración organizado por pastores evangélicos para un político local. Uno de ellos en su participación dijo; “Vamos a meditar una frase de san Ireneo: «Donde hay orden allí hay armonía, y donde hay armonía allí todo sucede a su debido tiempo, y donde todo sucede a su debido tiempo, allí hay provecho»”; la frase de san Ireneo, incluso la mención a su santidad, fue también utilizada por otro de los pastores presentes. Siglos de estudio y meditación teológica, de persecución y martirio, pero también de diversa y profunda espiritualidad, no pueden ser vanos, como no lo son el testimonio, experiencia, el caminar pastoral y el Magisterio conservado hasta el sacrificio. Una pastora, presentada como profeta, inició su participación pidiendo que orásemos sin utilizar y repetir palabras vanas, aunque después decía a menudo “repitan conmigo” mientras sostenía en sus manos algunos textos escritos. Pensé: “entonces la Iglesia ora palabras vanas con el Padre Nuestro y el Ave María, pero estos escritos no lo son”. Más tarde, otro se refirió al Padre Nuestro.
En el plano temporal, deberíamos pensar como recomienda san Ireneo y buscar el orden en nuestras cosas y pensamientos, de tal manera que, con el escuchar generoso de opiniones ajenas podamos encontrar armonía y, solo entonces, sacar provecho de acuerdos que normen nuestro convivir social y político. El diálogo político actual, lejos de ser tribuna de denuncia sorda y reclamación tartamuda, debería ser sala de orden, armonía y provecho, para bien de todos.