Reflexión

El Poder del silencio

Hacer silencio no es fácil porque nos obliga a escuchar y lo primero que debemos escuchar es a la voz de nuestra conciencia, la voz de la verdad, la voz del Espíritu.

Juan Ángel López Padilla
Sacerdote
Admitámoslo de entrada, no es fácil hacer silencio, quedarnos callados, cuando sabemos que nos están cometiendo una injusticia y, mucho menos lo es, cuando se ataca a quién queremos. No es fácil guardar silencio.
Estas dos últimas semanas, he estado reflexionando mucho en el pasaje del evangelio de Juan, 19, en el que Jesús se queda callado frente a las acusaciones de la plebe que, 6 días antes le había aclamado como el Hijo de David y ahora lo tasa en poco menos que un criminal al pedir su cambio por Barrabás. Sin desconocer las 40 monedas de plata entregadas al traidor.
Jesús está delante de sus acusadores y delante de Pilatos que tiene la posibilidad, el “poder” lo llama él, de liberarle. No debió ser fácil quedarse callado, no fue fácil evitar el no hacer venir las “legiones de ángeles” para que pusieran orden en aquella desgraciada farsa de justicia.Estos últimos días nos ha llovido sobre mojado en la Iglesia. No sirven los argumentos para defendernos porque mucho antes que la palabra llegase a nuestros labios, ya estábamos condenados. Hemos pretendido apelar a la lógica, al derecho a legítima inocencia hasta que se pruebe lo contrario, a la verdad, pero la sentencia ya estaba dictada. En el reino donde imperan las mentiras, las calumnias, las orquestadas campañas de desprestigio, no es posible razonar. La Post-verdad nos había ganado la partida. No es fácil hacer silencio.
Hacer silencio, no como lo han interpretado los eternos enemigos de la Iglesia, no es ceder, no es admitir culpabilidad. No es un “el que calla, otorga”. Sino una invitación. Tiene derecho a hablar el que ha sabido escuchar.
Hacer silencio es tener la suficiente madurez para no desbocarnos y caer en la espiral de ataques sin límites cuando no se busca la verdad, sino que se pretende humillar o avasallar al otro. Cuando la meta es anular al otro, eliminarlo, quitarlo de en medio, descubrimos lo más bajo de las pasiones humanas, que como siempre pretenden encontrar la justificación en el espejo, en el afán de protagonismo. Hacer silencio no es fácil porque nos obliga a escuchar y lo primero que debemos escuchar es a la voz de nuestra conciencia, la voz de la verdad, la voz del Espíritu. Hacer silencio no es cruzarse de brazos y esperar que las cosas se arreglen solas, pero es el camino de las decisiones maduras, razonadas y no impulsivas. En un mundo donde una vez más los judas, pilatos y barrabases vuelve a tomar el control de todo, debemos superar la tentación de defendernos con los mismos argumentos. Es necesaria la conversión, la purificación y la fidelidad. Es imprescindible ver los modelos y no las traiciones. Si en los momentos más oscuros de la historia de la Iglesia han surgido los santos, este es el momento no para preguntarnos sino seremos nosotros los llamados a serlo, porque este es el momento más hermoso para ser realmente creyentes.