Tema de la Semana

Los riesgos de una niñez sin cuidado parental

Fortalecer la familia significa crear capacidades y competencias para el cuidado y protección de sus hijos, acompañada de activos que faciliten su inclusión social.

Javier Zelaya | javierzelaya2008@hotmail.com
El acogimiento institucional en hogares sigue siendo la modalidad más utilizada como alternativa al abandono de niños y niñas cuyos padres han perdido competencias parentales en contextos de extremas privaciones. Esta medida puede tener una duración prologada en tanto no se realice una evaluación inicial al momento de la acogida, como lo manda las directrices de la ONU para el cuidado alternativo a la niñez (2009).
Está claro que el deber de los padres es educar a sus hijos, pero sin llegar al maltrato, según estudios las agresiones físicas y verbales causan traumas psicológicos y resentimientos en los niños y al llegar a la adolescencia, sacan esa ira y la transforman en desobediencia y rebeldía contra sus progenitores.
A nivel nacional, hay cuatro centros de internamiento; El Carmen en San Pedro Sula, Renaciendo, Jalteva y Sagrado Corazón en Francisco Morazán, este último exclusivo para niñas, con más de 500 adolescentes hasta la fecha, aquí se ubican los niños y jóvenes que ya pasaron la barrera de protección, que andan delinquiendo, que están en situación de infracción a la norma penal.

Responsables Desde el 2016 estos centros de menores están a cargo de una nueva entidad denominada, Instituto Nacional para la Atención de Menores Infractores (INAMI) el propósito es certificar un centro de internamiento que reúne los estándares internacionales de atención y de seguridad a estos niños.
Es muy frecuente observar numerosos casos de niños cuyo internamiento llega a cubrir casi la totalidad de la minoría de edad; es decir que, más de tres cuartas partes de la vida de un adolescente son dentro de un centro de internamiento, sin vínculos con su familia de origen ni con la sociedad local.

Desinterés Esta situación hace pensar en la importancia que tiene el acogimiento en el desarrollo personal e integración social de cada niño, niña y adolescente que hoy convive en un hogar. Sin embargo, la realidad es que en Honduras se han realizado escasas investigaciones al respecto, sin derivar acciones que alivien los impactos psico-sociales que una prolongada estancia tiene en la vida de los niños y adolescentes.
La poca disponibilidad de información limita al Estado y a la sociedad a un mejor entendimiento y acción que combata las causas de ingreso, conozca las características de la población infantil, el funcionamiento de los centros residenciales y planifique la transición del adolescente a su vida autónoma.
La magnitud del sub-registro incide en la poca visibilidad social de este problema que se encuentra estructuralmente ligado a múltiples razones derivadas de la pobreza familiar. Estos niños y niñas viven físicamente ocultos, confinados tras altos muros cual si fueran delincuentes, pagando la privación de un elemental derecho humano: vivir, amar y crecer con su familia.

Los jóvenes creados y formados en el hogar, son 100 por ciento más favorables que las ventajas que ofrecen los centros de internamiento.
Héctor Espinal
Especialista en comunicaciones UNICEF

No existe un registro
Pese a ser una práctica tan antigua de protección infantil, aún se desconoce con precisión el número de niños, niñas y adolescentes que conviven en centros de internamiento privados y públicos en Honduras.

Las casas de internamiento la última alternativa
Según Héctor Espinal, especialista de Comunicaciones de UNICEF, los centros de internamiento, no son la mejor opción para ningún joven, especialmente para aquellos que están en situaciones vulnerables, “el mejor ambiente es en su hogar, su comunidad, con su familia, parientes o personas que ofrezcan protección, cuidado y guía, para ayudarles a salir del problema en que están”.
Es necesario que vivan en un ambiente comunitario, con entornos que les ofrezcan capacidades de recreación, al igual que espacios para una sana diversión y que puedan compartir con otros jóvenes y desarrollar capacidades de voluntariado, como habilidades para la vida.
Desde el seno familiar se les puede brindar a los niños y jóvenes, protección, cuidado, cariño, y amor, todo esto acompañado de principios y valores que infundan respeto y aprecio. Asimismo se debe fomentar el estudio, la asistencia a la escuela es una cualidad importante para su buen crecimiento y desarrollo.
Los centros educativos también se convierten en un valioso aliado de los jóvenes, en ese ambiente en el cual la maestra y el maestro como sus facilitadores, con la participación de padres y madres y juntas directivas de gobiernos escolares y estudiantiles le ofrecen a los jóvenes espacios seguros.
Las casas de internamiento, no son una protección infantil, más bien alejan a los jóvenes de sus familias, de su ambiente y también los limita en su desarrollo y convivencia. En situaciones de mayor vulnerabilidad las ventajas para los jóvenes creados y formados en el hogar, en el ambiente comunitario, en el centro educativo, son cien por ciento más favorables que las desventajas que ofrecen los centros de internamiento.

1500 JÓVENES atiende Casa Alianza cada año, en distintos programas, la mayoría son abordados en las calles.

10 CASOS es el promedio de padres que diariamente llegan a la Dinaf, con hijos que presentan mala conducta.

700 CENTROS de protección aproximadamente hay en todo el país, que velan por los niños en situación de riesgo.