Buenas Nuevas

“¿También ustedes…?”

Palabra de vida | “¿También ustedes…?”
Ahora Jesús se pone delante de los que aceptan su “lenguaje duro”, es decir, de los que dejan atrás su tierra, su parentela, su vida privada y lo aceptan como parte de su nueva historia personal.Tony Salinas Avery
Sacerdote
C on las lecturas bíblicas de este domingo, que cierran el discurso del “Pan de Vida”, presenciamos el drama que lleva al propio Jesús a preguntar a sus discípulos: “¿También ustedes se quieren ir?”. Tal pregunta se parece al trabajo que hace la espada dividiendo la realidad en dos campos. Por una parte, está el que “se echa atrás” asustado por un mensaje que supera su propia razón y lo duro de las exigencias. Pero a través de las palabras de Pedro aparece el que si está decidido, el que si profesa su fe pura en la persona del Maestro, a quien le reconoce como Uno que si “tiene palabras de vida eterna, el santo de Dios”. Aceptar al Cristo, solamente como el que tiene poder para “multiplicar el pan”, sería algo fácil, tan parecido a una religión que busca siempre el éxito multiplicador y multitudinario, llenando el entusiasmo de espectáculos arrolladores y sorprendentes. Contrario a un Cristo que en el discurso de Cafarnaún hizo caer como una agua fría una revelación exigente revestida del misterio y los frutos de su gloriosa Encarnación. Esto produjo y con mucha razón, lo que los especialistas han querido llamar “la crisis galilea”, donde se llega a un momento de saber tomar posición ante los hechos para luego saber elegir el camino. En Galilea podemos decir, se cierra un capítulo y se abre el nuevo horizonte para quienes quieran de ahora en adelante seguir al Maestro de Nazaret. Ahora Jesús se pone delante de los que aceptan su “lenguaje duro”, es decir, de los que dejan atrás su tierra, su parentela, su vida privada y lo aceptan como parte de su nueva historia personal. El Evangelio de hoy, no es una página de la historia de Jesús con sus discípulos acontecida en ese ayer de su vida entre nosotros, es por el contrario un relato que nos dice también hoy a nosotros: “¿También ustedes se quieren ir?” y ¿qué le responderemos? Una buena práctica de la Lectio Divina realizada individual o en forma comunitaria le permitirá a este texto tomar parte de nuestra propia vida y renovar nuestras decisiones.