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Eucaristía: presencia de Dios

Eucaristía: presencia de Dios
La Misa, uno de los más sagrados sacramentos, no es solo un símbolo. El Señor afirma: esto es mi cuerpo, por lo tanto, no puede ser un rito ni nada simbólico.José Nelson Durón V.
Columnista
Siete mil años antes de Cristo, por todo el mundo bíblico ya se practicaban la domesticación de animales y el cultivo de cereales, señal de vida sedentaria que propiciaba, entre otras cosas, prácticas sociales y familiares diversas. Hoy, que el Señor Jesús dice: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida”, es necesario enfatizar la importancia del vino y del pan en las culturas orientales. El judaísmo ha considerado siempre al cereal y al vino entre los productos agrícolas más importantes, en la alimentación cotidiana, en el culto y en las fiestas religiosas y profanas, así como en las celebraciones familiares propias de festividades del calendario litúrgico judío. En escritos judíos y en el Antiguo Testamento abundan referencias al vino y al pan “Venid y comed de mi pan, bebed del vino que he mezclado, dejaos de simplezas y viviréis y dirigíos por los caminos de la inteligencia” (Prov. 9,5-6)
La Misa, uno de los más sagrados sacramentos, no es solo un símbolo. El Señor afirma: esto es mi cuerpo, por lo tanto, no puede ser un rito ni nada simbólico. Dice también: “hagan esto en memoria mía”, sin limitarlo a esa noche, sino extendiéndolo a la posteridad y dirigiendo el mandato de celebrar la santa Eucaristía a los apóstoles que estaban reunidos con él y sus sucesores, junto con el nuevo pueblo de Dios, que es la Iglesia. Transforma el pan y el vino, tan cotidianos, en la realidad más hermosa: Su cuerpo glorioso como alimento eterno de salvación. “Por eso, el que come del pan o bebe del cáliz del Señor indignamente será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, examine cada uno su propia conciencia, y entonces coma del pan y beba del cáliz. Porque el que come y bebe sin considerar que se trata del cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación.” (1Cor 11,27-29). Y dice el Señor: “El que come de este pan vivirá para siempre” (Jn 6,58). Gloria a Usted, Señor Jesús.

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