Reflexión

Ahora es una silla el problema

En este “cuenterío” en que nos tienen enfrascados, es de admirar la actitud de la Comunidad Internacional. Hay que rendirles el sombrero. Se han mantenido con mucha paciencia intentando una y otra vez sentarlos a la mesa.Juan Ángel López Padilla
Sacerdote
Una vez más, y en serio que me siento como si estuviese escribiendo un cuento de los Hermanos Grimm y estuviese escribiendo un “había una vez” de Perrault, porque en este país ya es “mucho cuento”, los políticos nos han demostrado la capacidad y el ingenio que tienen para hacer el mal, trabarlo todo y crear ilusiones en un pueblo que dentro de poco podría solicitar que las reuniones, seudo reuniones, pre reuniones, etc., sean consideradas como una nueva versión de “Cuentos y Leyendas de Honduras”.
Queda claro que no hay interés por la búsqueda del bien común sino de sus propios intereses. Lo interesante es que, todos hablan de querer el diálogo, fuera de los que ya sabemos que aunque les cumplieran todas las cosas que exigen, siempre encontrarían una nueva excusa para no dialogar. Lo cual, claro, no aplica para las reunioncitas aquellas que se hacen para seguir acomodando todo para que nada cambie, con tal que no les toquen su tajada.
En fin, ahora el problema es una silla. No voy a caer aquí en la tentación de hacer un poco de bromas con respecto a eso, porque sería tan fácil recordar aquello de que “quién se va para Santa Lucía, pierde su silla”… claro porque habría que invocar a la santa en cuestión, ante tanta ceguera. Aunque, seamos serios, aquí no es problema de ceguera sino de sordera. Como diría aquel viejito venerable: “yo por este oído no oigo bien, y por este otro, no quiero oír”.
Aquí ya no es un problema de cultura del diálogo, es problema que ceder es un acto de humillación tal, que no se puede consentir caer tan bajo. No piensan, estos venerables políticos nuestros, en qué si se siguen peleando por una silla, vamos a terminar todos desbancados.
El “civismo” con el que se discuten las diferencias es sólo una prueba más del escaso o nulo amor por Honduras.
A mí me enseñaron que cuando uno tiene la razón no necesita gritar, ni insultar, ni faltar a las formas. Se puede hacer buen uso del arte de la retórica y dejar al oponente en evidencia sin necesidad de perder los estribos. Pero, es comprensible que nos tengan a todos cansados, con sus dilaciones, sus triquiñuelas y sus evidentes descaros.
En este “cuenterío” en que nos tienen enfrascados, es de admirar la actitud de la Comunidad Internacional. Hay que rendirles el sombrero. Se han mantenido con mucha paciencia intentando una y otra vez sentarlos a la mesa. Es difícil tratar con niños tan caprichosos y tercos, pero ellos siguen adelante poniendo buena cara y hablando de que no todo está perdido. Claro que no todo está perdido, pero como diría don Juan Gabriel “Dios perdona, pero el tiempo a ninguno”, y el tiempo, se nos está pasando en seguir escuchando cuentos, que son menos divertidos que el Cadejo, el Hombre sin Cabeza, pero de que nos está saliendo la Chula, nos está saliendo la Chula.

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