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Carmelitas de San José, recordaron el natalicio de su madre fundadora.

La congregación de Carmelitas de San José, recordó el 161 aniversario del nacimiento de su fundadora, la Madre Clarita, una salvadoreña nacida en 1857 en la ciudad de San Miguel. La celebración se trasladó hasta el país centroamericano, que recibió a las distintas religiosas llegadas de los países donde hay presencia, para celebrar la Eucaristía y realizar peregrinaciones a lugares que fueron claves para la vida de Clarita, como el lugar donde le bautizaron, donde reposan sus restos y detalles de su infancia.

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En Honduras, las Carmelitas de San José se pueden encontrar en el Instituto San José del Carmen y en la casa de retiros »Clara María», a unos 25 kilómetros al oriente de la capital de Honduras, Tegucigalpa. Identificadas por su compromiso con la educación y la fomentación de buenos valores, estas religiosas son muy reconocidas en su labor positiva en el país, a ejemplo de la fundadora.

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Pero: ¿Quién fue la Madre Clarita?

Envuelta en una pobreza efectiva y afectiva, particularmente fue raptada por su propio padre Daniel Quirós, cuando contaba con tres años. Se sabe que su madre – Carmen López- la casa con un hombre que frecuentaba la casa – Félix Alvarado – que se firma “Profesor de Ciencias y Letras”, pero que resulta un incompetente para la vida. Con solos quince años Clarita desconoce la sicología varonil. Fue aquella boda un fracaso de la mamá y una irresponsabilidad de Félix. Pasa la vida en Nueva San Salvador. Llegaron sus seis hijos. Los dos últimos volaron pronto al cielo.

Los otros tres primeros se recuerdan todavía en la historia de El Salvador: Carmen, casada con Recaredo Gallardo, Ministro de Hacienda del Presidente Romero Bosque, Gertrudis casada con Godofredo Arrieta Rossi, Gobernador y gran Médico y Cirujano; y Alfredo. Sólo Cipriano, que hereda la “mal cabeza” de su abuelo Daniel y de su padre Félix, motivó días muy amargos a su madre.

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Lo grande de esta mujer es que – abandonada por su esposo – se inclina por su Dios, que es Amor, por su Hijo Jesucristo presente en la tierra en la Eucaristía, el Sacramento del Amor, y por la Madre de Jesús bajo la tierna advocación de los Dolores, que secaría sus lágrimas, y del Carmen, la Madre que la recibe el día de su Bautismo.

Es su gran acierto volver a encontrar el AMOR con mayúsculas, en Dios y en su Madre, en recompensa de otros muy tiernos y humanos para una mujer, nacida para ser amada.

En 1873 se alista a la Cofradía del Carmen; en 1887 toma el hábito de la Tercera Orden; en 1889 profesa como Hermana y es la única que emite la profesión Carmelitana de entre los centenares de Hermanas y Hermanos que se citan en el catálogo de la Asociación, lo cual descubre la altura de sus ideales y la seriedad de su incorporación a la Tercera Orden, asumida radicalmente. Su futuro Carmelitano se proyecta en el horizonte.

No falta en su alma un amor entrañable a la Madre Dolorosa, ante cuyo corazón destrozado necesita recogerse. En diferentes años aparece como la Tesorera de la Cofradía fundada en 1884 en Nueva San Salvador.

Su Cristo Sacramentado le atrae irresistiblemente desde que experimenta la inestabilidad del amor humano y durante años, a partir de 1889 funge como Secretaria de la Guardia de Honor del Santísimo Sacramento. Consecuentemente su respeto por los Obispos y Sacerdotes se deja notar en las Parroquias de la Concepción y del Carmen de Nueva San Salvador, en el Seminario, con los Salesianos y Jesuitas.

Clara aparece en primera línea en toda obra apostólica, parroquial y diocesana. Es la impulsora y el alma, la promotora de los Ejercicios Espirituales, Socia Activa de la Sociedad Católica de San Vicente de Paúl y de la Hermandad del Carmen. Está siempre al lado de la Jerarquía Eclesiástica en los peores conflictos sociales y de la Escuela Católica. Es un gran apóstol social femenino.

Para solventar sus carencias económicas abre una agencia de “Bienes y Raíces” y detalle el más original de su vida, por el que será – no lo dudamos – declarada en su día la Patrona ante Dios de quienes se dedican a semejante servicio en la Sociedad.

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Siempre alegre, serena y jovial, a pesar de duras pruebas, no duda en ceder ante las insinuaciones del Arzobispo Antonio Adolfo Pérez y Aguilar, para que ceda su casa a los Jesuitas, que llegaban a mesa puesta, desconociendo, éstos y aquel, la galantería con una dama, porque la pobre Clara aporta mucha plata en rehacer el mismo convento de Belén mientras la ínclita y poderosa Compañía de Jesús encontraba casa e iglesia del Carmen compuestas y la víspera de Santa Teresa, 14 de octubre de 1916, comienza la andadura de su Congregación Carmelitana y, en medio de mil privaciones, se dedica con sus hijas a las niñas pobres, huérfanas y marginadas, a las señoras solas y abandonadas, a los enfermos a domicilio solos. La exquisita experiencia de soledad y de abandono, que siente a lo largo de su vida seglar, la lanza a aminorar esta lacra social de la mujer postergada por los hombres.

En medio de estas meritorias faenas apostólicas siente la llamada de su Dios, precisamente el día de la Inmaculada, 8 de diciembre de 1928. A sus numerosas hijas les ha dejado el desafío de su espiritualidad y de su misión en la Iglesia. Sabemos que la autoridad eclesiástica salvadoreña quiere estudiar oficialmente la gran personalidad cristiana de Madre Clarita mediante la apertura del Proceso de su Canonización.

El Proceso Diocesano de la vida, virtudes heroicas y fama de santidad de la Sierva de Dios Madre Clara María de Jesús Quirós se llevó a cabo en El Salvador del 4 de noviembre de 2004 al 13 de diciembre de 2005. Toda la documentación del Proceso fue enviada a Roma a través de la Nunciatura Apostólica en El Salvador el 16 de Enero de 2006. Y la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos emitió el Decreto de Validez del Proceso Diocesano el 31 de Octubre del 2008.

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