Editorial

Paz y concordia

Editorial para el Domingo 12 de Agosto de 2018
Paz y concordia
Todos los hondureños, en su condición de persona, tienen igual dignidad y deben tender a la unidad de propósitos, para que se pueda alcanzar el bien común. O sea obtener las condiciones de la vida social, mediante las cuales los hombres, como las familias, así como los grupos sociales intermedios, puedan lograr su propia perfección.
Esa perfección se manifiesta siempre que a todo hondureño le sean respetados sus derechos y deberes humanos. Lo cual en la actualidad está muy lejos de la realidad. Se palpa un clima de violencia y de conflictos sociales, políticos y económicos que afectan incluso hasta el respeto a la vida humana. E inducen a emigrar a Norteamérica. Así lo ha confirmado la delegación de la CIDH que recién ha visitado Honduras, y ha hecho un total de 25 recomendaciones, que ellos consideran importantes para que en el país exista un clima propicio para vivir en paz (“tranquilidad en el orden”) y también en concordia (“de común acuerdo y consentimiento”) aunque, por otra parte se nota son impulsadores de la “ideología de género”, pues lamentan, que la misma, no esté incluida en el sistema educativo hondureño.
Todos los miembros de nuestra sociedad están obligados, a prestar su colaboración, según sea su capacidad, para que se logre alcanzar el bien común. Pero se trata de colaborar en forma decidida, no limitándose únicamente a las ventajas personales que uno pueda obtener, sino que asumiendo la responsabilidad que le corresponde de trabajar, por el mejoramiento de la sociedad entera y el beneficio de toda la ciudadanía.
Esa participación en el logro del bien común significa: trabajar por una sociedad que sea pacífica; interesarse por la organización de los poderes del Estado; obedecer el Sistema de Leyes que rige la nación; colaborar en el cuidado del ambiente y defender los centros poblados de la vulnerabilidad de las viviendas pobres, y finalmente impulsar la prestación de los servicios esenciales de la vida comunitaria: transporte, educación, libertad de comunicación, acceso a la cultura y libertad religiosa y política, desgraciadamente en Honduras no todos han podido alcanzar las condiciones de vida social resultantes de la búsqueda del bien común. Hay desigualdades enormes, entre pocos que tienen muchos bienes materiales y la mayoría de la población (70%) que apenas sobrevive, siendo víctimas de la injusticia social, que les obliga a una existencia con grandes necesidades.
El bien común, debe ser impulsado por el Estado, pues de hecho es la razón de ser de la autoridad política. Por lo tanto, debe garantizar la unidad y la organización de la sociedad civil de la que es una expresión. De esta manera se puede afirmar que el fin de la vida social es alcanzar el bien común que las condiciones históricas permitan.
El bien común abarca también bienes espirituales, por ello la Iglesia Católica trabaja de manera ardua en alcanzar lograrlo. Con demostraciones visibles como la “marcha por la paz y por la vida” organizada por la Pastoral de Movimientos Laicales, para exaltar el valor de la vida humana, como “don de Dios”. Además, por la defensa continua del Sacramento del Matrimonio entre hombre y mujer, como fundamento esencial de la formación de una familia, célula básica de toda sociedad humana.
En los actuales momentos para mantener la paz y la concordia, se debe continuar el impulso de combate a la corrupción y establecer el diálogo nacional. Para que entre las distintas fuerzas del espectro político hondureño, se pueda lograr un fortalecimiento de las Instituciones que permita establecer las medidas políticas, sociales y económicas que coadyuven a eliminar la violencia, el insulto y el irrespeto entre los grupos políticos.
Y así poder armonizar las medidas adecuadas a realizar y forjar el desarrollo económico de Honduras, que lleven hacia la eliminación de la pobreza y la exclusión.
Escuchemos con atención las palabras del Señor Jesús: “Todo es posible….para aquel que tiene fe”.