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El Papa en su audiencia general de los miércoles dedica su catequesis a la idolatría.

 

En la audiencia general de este 8 de agosto, dedicada a la idolatría, el Papa Francisco recuerda que reconocer la propia debilidad es la condición para abrirse a Dios y para rechazar a los ídolos de nuestro corazón.

El Santo Padre inició su catequesis invitando a los 7 mil fieles presentes a detenerse en el contexto en el cual se desarrolla este episodio del libro del Éxodo, y se pregunta: ¿Qué es el desierto? “El desierto  afirma  es el lugar en el que reinan la precariedad y la falta de seguridad” donde no hay nada, “faltan el agua, la comida y el amparo”.

Y ésta evidencia afirmó  el Papa  “es una imagen de la vida humana, cuya condición es incierta y no posee garantías inviolables”. Esta inseguridad genera en el hombre “ansiedades primarias”, como el comer y beber.

Francisco explicó que la naturaleza humana, para escapar de la precariedad, de la precariedad del desierto, busca una religión ‘casera’: “si Dios no se deja ver, nos hacemos un dios a medida”  afirma –  y pone en evidencia que “frente al ídolo no hay riesgo de una llamada a salir de la propia seguridad, porque los ídolos tienen boca y no hablan”. “Entendemos entonces – precisa el Papa   que el ídolo es un pretexto para ponerse en el centro de la realidad, en adoración de la obra de las propias manos”.

La necesidad de un ídolo lleva a Aarón a crear un becerro – entonces símbolo de fecundidad, abundancia, energía y fuerza – hecho de oro y, por lo tanto,  representación por excelencia de la riqueza.

“Estos son los grandes ídolos: el éxito, el poder y el dinero ¡Son las tentaciones de siempre!” advierte Francisco. “Esto es el becerro de oro: el símbolo de todos los deseos que dan la ilusión de libertad y que, en cambio, esclavizan, porque el ídolo siempre esclaviza”. “La gran obra de Dios – subraya el Papa – es quitar la idolatría de nuestros corazones”.

CREACION DE IDOLOS