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Santos Pablo Vásquez, un nuevo servidor en la mies

Que no sea mi forma de pensar o mis buenas ideas sino que sea esa presencia de Dios para tener sabiduría y gracia.

 

Por: Oscar Josué Cerrato

Una vocación surgida a temprana edad que ha contado con una plena disposición de servir y con personas claves, que le llevan a ser el Presbítero más joven de la Arquidiócesis de Tegucigalpa.

 

¿Cómo define su carácter?

Mi carácter es un poco fuerte a veces. La gente la primera impresión que tiene cuando me ve es que soy un poco serio y como enojado, pero he ido aprendiendo poco a poco en la formación y en la Parroquia a moldear un poco mi carácter, ser un poco más comprensivo con la gente, con el Sacerdote. Tiendo a ser muy alegre ya entrando en confianza con la gente.

 

¿Cómo fue su formación académica?

Estuve en una escuela llamada Modesto Rodas Alvarado, allí hago mis primeros años de estudio y luego mi mamá por tradición de mi familia, siempre nos enviaban al colegio Abelardo Fortín en Comayagüela estudiando mi ciclo común, después voy a dar al Saúl Zelaya Giménez que queda cerca de mi casa y allí, estudio mecánica automotriz con el deseo de ir a la Universidad y estudiar ingeniería civil o industrial, pero en el último año de clases conozco a un maestro y me da la locura de estudiar derecho, la que cursé por dos años.

 

¿Cómo surge la vocación sacerdotal?

Surge en algo muy ordinario, en una forma muy sencilla. Yo vengo del colegio y los padres carmelitas de la Parroquia Santa Teresa de Jesús, uno de ellos especialmente llamado Javier Meléndez, siempre me invitaba a acompañarle a las aldeas viniendo del colegio, no acolitaba simplemente iba de compañía con él y allí me fijé en lo que hacían los padres. Miré que hablaba con todo mundo y me va gustando, empiezo a preguntarle cosas curiosas y allí, el padre me explica el proceso de fe. Formalmente, es el Padre Alexis Melgar es quien me invita a iniciar el camino vocacional, él era muy cercano y me dio pena decirle que no, allí siento la llamada a decirle Sí al Señor.

 

¿Cómo fue su vida de seminarista?

No negaré que en los primeros tres meses en el seminario, quería regresarme a casa, yo decía: este no es mi lugar, era difícil adaptarme por toda la disciplina y el estar allí encerrado y compartiendo, pero poco a poco voy haciendo experiencia de fe con mis compañeros. Dedicaba mucho tiempo personal a estar en la biblioteca.

 

¿Cómo fue su niñez?

Crezco con mi madre, mis dos hermanos mayores, mi hermana que es como el bastión de la casa en la colonia La Rosa, allí, íbamos a estudiar a la escuela. Crecí entre amigos, con gente también de fe y allí fui haciendo los primeros pasos en el camino cristiano.

 

¿Cómo inculcaron la fe sus padres?

Desde muy pequeños mi mamá nos enseñó a rezar, siempre antes de acostarnos, de dormir, nos arrodillaba en la cama y nos ponía a rezar el Padre Nuestro, el Ave María, el Ángel de la guarda. Nos mandaba a la Misa, no iba ella por trabajo, nos mandaba a la catequesis para la primera comunión y luego a la confirmación.

 

¿Cómo define a sus padres?

Mi mamá y mi papá son personas muy calladas al contrario de mi persona que hablo mucho, ellos son muy callados que les gusta estar en su casa y yo les digo que hay que pagarles para que puedan hablar, pero si personas muy serias en el sentido de las exigencias, de los valores que nos han dado a cada uno de nosotros.

 

¿A quién tendría que agradecer Santos?

En primer lugar a mi mamá, creo que ella me ha brindado la fe, ha estado toda la vida allí conmigo llevando ese proceso con lo poco que ella conocía de la fe. A mis hermanos en especial a la mayor, Mayra que es la más alegre de la ordenación. Agradezco al Padre Javier porque fue el primero que me hizo sentir ese llamado, al Padre Alexis Melgar, al Padre Pablo porque fue mi promotor vocacional. Un agradecimiento especial al Cardenal Oscar Andrés porque siempre ha podido estar para mí y como olvidar, al Padre Tony Salinas porque me ha ido acompañando en este proceso y con él he aprendido a dar ese paso de madurez.

 

¿Cómo ha sido su experiencia diaconal que termina?

Ha sido un camino muy bonito por el hecho de poder acompañar a la gente, comer con ellos, poder platicar y sentarme, haciendo procesos de comunidad. Ha sido una experiencia de oración profunda, de mis momentos personales y de sentir la responsabilidad que significa.

 

CONOZCA A SANTOS PABLO VÁSQUEZ.

Nacido en Tegucigalpa, sus padres son Santos Pablo Vásquez y Elvia Argentina Ávila, es el último de tres hermanos. Como Diácono estuvo en la parroquia Inmaculada Concepción de Cantarranas, en la parroquia Cristo Resucitado y en la Parroquia San Juan Bautista de Ojojona.