Buenas Nuevas

¿Dónde compraremos panes…?

Palabra de vida | ¿Dónde compraremos panes…?
Si analizamos los evangelios dominicales anteriores, vemos como después de la incredulidad con que recibieron a Jesús en su pueblo, Él no se cruzó de brazos, eligió a Doce para que fueran a vencer la falta de fe.Tony Salinas Avery
Sacerdote
H ermanos nadie puede negar que leyendo el Evangelio de hoy, no podamos descubrir la intención de su autor, en este domingo, San Juan, que quiso referirse a la cena eucarística celebrada por el Señor en la última noche de su vida terrena y repropuesta en la continúa liturgia de la Iglesia, a través de los siglos. El milagro está en el marco celebrativo de la fiesta judía de Pascua. En efecto, al igual que en la última cena, Jesús tomó los panes, dio gracias – en griego eucharistein-, y los distribuyó a los discípulos y ellos a la gente. Un detalle que no hay que dejar pasar es que, “los pedazos de pan que sobraron” en griego recalcan la expresión “partir el pan” usada por el Nuevo Testamento para indicar la celebración de la eucaristía.
El milagro de los panes es, pues, como se escribe al final de la narración, un “signo” (“la gente al ver el signo que había hecho”), para Juan la palabra “signo” refiere siempre a los milagros de Jesús. El fiel lector de este evangelio, debe entonces captar bajo la superficie de los hechos y de los datos exteriores, un significado más profundo y espiritual. Si analizamos los evangelios dominicales anteriores, vemos como después de la incredulidad con que recibieron a Jesús en su pueblo, Él no se cruzó de brazos, eligió a Doce para que fueran a vencer la falta de fe con fuerza de su Palabra, el domingo pasado, los invitó a esos elegidos suyos, que estaban cansados a ir a un lugar para descansar, hoy les ofrece el alimento verdadero. Se preocupa de alimentarlos físicamente y san Juan, pasa del hambre material a la búsqueda de un hambre y alimento que perduran para la vida eterna. La comunidad creyente, sabe que debemos ayudar a calmar el hambre de los pobres, pero a la vez, saber que en cada eucaristía el propio Jesús se da en alimento. Maravilloso milagro que hace perpetuar su amor y su deseo de hacerse parte de nosotros en lo más intimo y necesario para saber vivir: el alimento. Se hizo “pan” partido para un mundo nuevo. Con este domingo iniciamos varios domingos, donde la Palabra nos invitará a no dejar de lado la gran necesidad de recibir el cuerpo y la sangre real de aquél que por nosotros y nuestra salvación, se hizo verdadera comida y bebida.

A %d blogueros les gusta esto: