Caminar

La batalla de la fe

La batalla de la fe
José Nelson Durón V.
Columnista
La gente se preguntaba de dónde vendría la sabiduría de Jesús; sentados en la hierba, subidos a los árboles o parados, no salían de su asombro; no cabía en sus mentes que alguien del pueblo, de parientes conocidos, pudiera hacer milagros e irradiar tanto amor; que el hijo del carpintero y de la joven María pudiera, con alma tan suave, hablarles del Reino de Dios y, cosa imposible para ellos, convertir el agua de aquellas seis grandes hydrias en el vino más sabroso…

¿Cómo podría ser esto? Sin embargo, no trocaron su admiración en fe y Jesús, extrañado, se fue a enseñar en otras partes. Por falta de fe, excepto algunas curaciones, no pudo hacer allí en su tierra ningún milagro. El pueblo judío algo esperaba: salir de opresiones y tributos, liberarse de «inmoralidades, robos, homicidios, adulterios, codicias, perversidades, fraudes, desenfreno» (Mc 7,20-23), pero no vio en la dirección correcta. ¿Qué esperamos nosotros, qué buscamos?
Las armas del demonio para quitarnos vida, paz, justicia y bienestar son la contradicción, inmediatez, superficialidad y confusión. Debe sonreír el diablo cuando uno cualquiera siembra zozobra o confusión con propósitos malignos, porque las gentes buscan salvación donde no hay; honradez entre ambiciosos; personajes idóneos entre políticos y aprovechados. Debemos exigir los cambios que necesitamos. Políticos, comiencen por ustedes: no permitan la corrupción, el aborto y uniones anormales; denuncien delitos y busquen castigar criminales agazapados. Tratemos de ser santos, como quiere el Señor Jesús; serlo no está en ir a la Iglesia, sino en asistir y vivir los Sacramentos, especialmente la Eucaristía, verdadera fuente de salvación eterna. La vida espiritual consiste en comprender y aceptar la bondad y la grandeza de Dios; en entender que somos nada y que estamos inclinados al mal; en el amor a Él y en el desprecio de nosotros mismos. Luchemos esta batalla con Dios, “que nunca abandona sus soldados, aunque a veces permita que sean heridos”. Que en nuestra debilidad nos baste Su gracia y Su poder.

A %d blogueros les gusta esto: