Editorial

El valor de la vida

Editorial del Domingo 8 de Julio de 2018

El valor de la vida
La vida es don de Dios. Quien la entrega a cada persona en condición de criatura predilecta, pues lo ha hecho a su imagen y semejanza. Por ello tanto el hombre como la mujer, están colocados en el centro y la cumbre de la creación.Por haber sido hechos a imagen de Dios, todo ser humano tiene la dignidad de persona, con derechos inalienables que les son propios y que tienen que ser respetados. Toda persona tiene la capacidad de conocerse, de poseerse y de darse libremente, para vivir en comunión con otras personas. Especialmente importante es vivir en alianza con su creador, respondiéndole por medio de la fe y el amor; ningún otro don puede dar en su lugar. Por ello, Dios tiene la capacidad de constituirse en el centro del ser humano, pues es el único que da plenitud a la existencia, colmándola de paz, sabiduría y felicidad. Ningún ser humano está llamado a vivir como un ser en solitario, sino que por su propia naturaleza tiene la categoría de un ser social, siendo incapaz de vivir, crecer y llegar a desarrollar sus cualidades, sin relacionarse con los demás, en una comunión ciudadana que les permita construir un futuro juntos..
El don de la vida es el primer derecho humano que debe ser respetado, pues cada persona ha sido llamada a una etapa de nacimiento, también a la conservación de su existencia, y a morir por causas naturales.
En Honduras, todos los días, los medios de comunicación se llenan de informaciones que destacan las distintas muertes por suicidios, asesinatos o accidentes de tránsito etc.
No llama la atención solo el número de crímenes, ocurridos cada día. Sino que también el odio, la crueldad y en ensañamiento criminal, como se irrespeta “el derecho a la vida”, de tantos compatriotas.
Y también, llama la atención, la presencia de organizaciones de “asociación ilícita” que han proliferado por el reclutamiento continuo de menores de edad. Quienes sin haber podido recibir una enseñanza ética y moral en su hogar, resultan ser fáciles víctimas para ser miembros de organizaciones criminales.
Entrar en un grupo delictivo, sin tener una conciencia moral bien formada, y ponerse en contacto con armas de fuego, drogas y dinero fácil, es el “caldo de cultivo” para perder la perspectiva del respeto a la dignidad de toda persona humana, considerando a todo hombre o mujer como “descartable” y por lo tanto, sin que tenga valor alguno su vida, la cual le puede ser eliminada, sin remordimiento alguno.
Para evitar el desprecio al “derecho a la vida”, es necesario entender que el sistema educativo nacional, requiere atender a los alumnos dentro y fuera de las horas de clase,
mediante el impulso de la cultura, a través de inducir al hábito de la lectura, el arte, el deporte y enseñar a todos los alumnos, técnicas de estudio. Esto último requiere de la participación de organizaciones de la Pastoral Parroquial y de la Sociedad Civil, que en acciones de voluntariado, se comprometan a complementar la educación formal que los jóvenes reciben en los centros educativos, la cual no resulta ser adecuada para eliminar el déficit formativo que proviene del seno del hogar. Esta ausencia de integración en la familia expone a los hijos al peligro del tráfico y el consumo vedado de alcohol y drogas. Los expone a realizar actividades ilícitas y andar con amistades que los mal aconsejan y los inducen a entrar en organizaciones delictivas. Esta carencia de formación familiar, en la mayor parte de los casos es debida al alto nivel de pobreza de muchos hogares, donde los padres tienen que salir de la casa, para tratar de encontrar el sustento diario, y garantizar a la prole su seguridad alimentaria. La pena de muerte, el suicidio, la contracepción, el aborto y la eutanasia son formas de atentar contra la vida de la persona humana, y jamás deben ser moralmente aceptables.
Atendamos la voz del Señor Jesús: “Yo soy el buen Pastor…Yo doy la vida por mis ovejas”.