Análisis Opinión

El Diálogo: Prólogo de una larga espera

En mi opinión:

EL DIÁLOGO: PRÓLOGO DE UNA LARGA ESPERA

Por Carlos Ramos

Desde que concluyó un resquebrajoso y cuestionado proceso electoral en noviembre del año pasado, han sido muchos los intentos por diversos sectores para evitar que sucesos lamentables que dividieron la familia hondureña se vuelvan a repetir, sin embargo la clase política aún no se pone de acuerdo.

Han pasado más de una docena de reuniones, en donde los involucrados ponen en la mesa de discusión,  cada uno de los puntos que “favorecerían” a la sociedad, al parecer y como en reiteradas ocasiones lo que buscan son sus propios beneficios, olvidando así lo más importante: el bienestar de la sociedad cansada de actos como este, aunado todos los problemas sociales.

La Pastoral Social Caritas y otras respetables organizaciones, han desarrollado un papel de mucha trascendencia en este acercamiento, ahora en su rol de observador, motiva a que se aclaren todos los puntos para iniciar el tan ansiado diálogo nacional, aunque han sido puntuales que para iniciarlo deben de estar todos los puntos claros, de lo contrario sería un fracaso.

Por asunto de dignidad y por ese amor desbordante por la nación de más de ocho millones de hondureños, los partidos involucrados y los que no quieren hacerlo, debería de dar una muestra de respeto hacia la patria, siendo flexibles, olvidando el protagonismo, dejar las ansias de poder, las victimas que perdieron la vida en el conflicto  y dar ejemplo de una vez por todas que la clase política  quiere cambios reales y sinceros.

Es tiempo de que como hondureños no nos durmamos en discursos llenos de falacias  y exigir a los partidos políticos que ya dejen de jugar con el hambre y la ilusión de los hondureños que añoramos en  vivir en una sociedad más justa y equitativa.

Vale la pena nuevamente recordar las palabras de Su Santidad Francisco cuando se ha referido a conflictos o situaciones complejas en los países, que invita a platicar y a deponer de los intereses personales o de institución política: “No puede haber paz sin diálogo”.

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