Caminar

CAMINAR | El justo medio

CAMINAR | El justo medio
José Nelson Durón V.
Columnista
Entender que el Reino de Dios es una sociedad totalmente justa; sin altares ni blasones humanos, porque en Él nadie tiene precio ni está etiquetado.

No es que el Supremo Creador, solo por el prurito de hacerlo, de castigar, de vengar, derribe del trono a los soberbios, doblegue a los grandes, envilezca los vanidosos y condene pecadores.  Es que abandonaron el redil y el bien común, característica lógica del reino que Dios quiere para Sus hijos, llamados a ser santos, buenos y solidarios. Pero nada más contagioso y adictivo que diferenciarse y beneficiarse por ello, pasando por el orgullo, la vanidad y prepotencia; encerrarse en el castillo y salir para arrollar a los demás. Hay que ver los dueños de cargos públicos que no entienden que son empleados, aunque hayan llegado por influencia de papi o mami; o por la inversión millonaria que deberán recuperar con utilidades; los ladrones del erario, becados del Congreso y de Salud, políticos, ideólogos y otros. Y los que al orar reprimen, ordenan a las montañas moverse, al cuerpo curarse, fundan iglesias y se autoerigen ministerios y apostolados. Dios no castiga, en Él no hay desamor, violencia o venganza. Pero nos permite caer para que despertemos y entendamos que la santidad comienza con la humildad.
Para ser santo no es necesario desgañitarse en las esquinas de las plazas, tirarse al suelo y leer e interpretar antojadizamente la santa Biblia; vivir en Misa sin cambiar y sin saber para qué. No. Para comenzar a ser santo es necesario reconocer la infinitud que nos diferencia de Dios; nuestras limitaciones, debilidad y concupiscencia. Entender que el Reino de Dios es una sociedad totalmente justa; sin altares ni blasones humanos, porque en él nadie tiene precio ni está etiquetado. Todo es don y merece agradecimiento perpetuo, alabanza, adoración, humildad y consciencia de pequeñez; dependencia del Altísimo Dios, que se goza con la humildad, el amor entre hermanos y la solidaridad en las dificultades. El justo medio, dice san Pablo: “Al que recogía mucho, nada le sobraba; al que recogía poco, nada le faltaba”. Nada sobra ni falta; todo es de y para todos. Dios da justamente, y lo necesario.

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