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“No están previstos cambios en el C9 ni en el colegio cardenalicio”

“No están previstos cambios en el C9 ni en el colegio cardenalicio”
En una reciente visita del Cardenal Óscar Andrés Rodríguez por España, habló sobre varios temas de la vida eclesial y por su importancia los presentamos a continuación.

Fuente Religión Digital
Como buen músico que es, el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez, está ayudando a su amigo, el Papa Francisco, a ponerle música y letra a la primavera eclesial que, de su mano, florece en la Iglesia, a pesar de las críticas, que nunca lo deprimen. El coordinador del C9, asegura que no se prevén cambios a corto plazo ni en ese organismo ni en el colegio cardenalicio. El purpurado muestra su preocupación por los acontecimientos de la vecina Nicaragua y hace votos para “que se logre más justicia a través del diálogo”.

¿Podría haber cambio de cardenales en el C9 en breve?
No está previsto a un corto plazo.

¿Podrían cambiar algunas normas referentes el colegio cardenalicio? Por ejemplo, que el Papa subiese el número de cardenales a 180 o que participasen en el cónclave los presidentes de las conferencias episcopales.
Explícitamente, el Papa ha expresado que no quiere superar el número de cardenales electores que actualmente es de 120. Tampoco, con este criterio, se puede prever que participen los Presidentes de las Conferencias Episcopales que no son Cardenales.

¿Cómo está viviendo los acontecimientos de la vecina Nicaragua?
Con mucha preocupación y tristeza puesto que se trata de siempre de manifestaciones protestas que, cuando son reprimidas por la fuerza, producen víctimas inocentes, y no vale la pena que se pierdan vidas jóvenes tan valiosas para el futuro del país. Ojalá que se logre más justicia a través del diálogo. Apoyamos a nuestros hermanos con la oración y con el afecto fraterno.

¿Conoció el texto de la exhortación Gaudete et Exultate, antes de su publicación oficial?
No. El Papa tiene una gran capacidad de guardar los secretos. Por ejemplo, cuando tiene que nombrar nuevos cardenales, nadie sabe sus nombres. Pero nadie. Y el día que lo va a hacer, saca un papelito que tiene en el bolsillo y lo lee; ni el Secretario de Estado lo sabe. Mucho menos los candidatos a cardenales; se enteran a través del teléfono. Me tocó con el Cardenal de San Salvador, Gregorio Rosa Chávez, cuyo nombramiento escuché por la radio. Entonces, le llamé por teléfono y me dice: –
¿Cómo? Eso no es cierto -Es cierto, le digo. -Pero si no me han dicho nada -Es que ahora te lo están diciendo. Con el de Panamá me tocó lo mismo.

¿Cómo valora el momento en el que estamos, con los cambios de la Iglesia que el Papa Francisco intenta poner en marcha?

El Papa Benedicto XV se da cuenta de que, hasta entonces, el papel de los nuncios era casi una fuerza como la de los grandes emperadores para influir en la elección de los papas. En cambio, él desarrolló un cuerpo diplomático que se ha hecho enorme; son cerca de 182 las nunciaturas. Y los gobiernos las quieren tener, porque es un prestigio tener relaciones diplomáticas con la Santa Sede.
Pero hay muchas cosas que aún son punto de discusión. Una de ellas es el papel de las conferencias episcopales en el nombramiento de nuevos obispos que, en general, parece que tienen más fuerza en él las nunciaturas que las mismas conferencias.

¿Se podría llegar a nombrar nuncios laicos?
Ha habido propuestas en este sentido, y yo creo que no sería imposible.

¿Qué propuesta puede hacer la Iglesia ante la situación tan problemática de la emigración de centroamericanos y hondureños hacia el Norte?
Una de ellas es lo que se llama la pastoral de los migrantes. Que no es simplemente abogar para que los reciban en otro país, sino darles soluciones a los jóvenes de tal manera que no tengan que emigrar. La gran mayoría migran por dos causas principales: la primera es que no tienen horizonte, porque no tienen trabajo, y los gobiernos se suceden y no se incrementa la auténtica solución, que es el desarrollo. Siguen en el mismo modelo, que es favorecer a unas cuantas industrias de los más ricos, para que sigan enriqueciéndose y exportando capitales, en lugar de invertir. Pero, por otro lado, cómo se va a invertir, si no hay justicia y hay impunidad. Humildemente les digo que uno de los puntos muy débiles que tenemos en Centroamérica es la falta de justicia. La impunidad, por un poder judicial que está de acuerdo con lo que el gobierno de turno le pida. Y esto no puede favorecer que haya inversión y desarrollo. Y el desarrollo es la única respuesta. Nadie migra por su propio gusto. Pero no se puede quedar esclavizado por una pobreza que se va perpetuando. Son las dos causas principales de la migración: la falta del desarrollo y la falta de justicia por la impunidad.

¿Y qué le parecen las respuestas a la emigración que estamos viendo en Europa y en EE.UU. de la guardia nacional en fronteras, muros y alambradas?
Para mí, es un dolor que, llegado el siglo XXI, estemos construyendo muros en lugar de construir puentes. Es una de las tareas en las que el Papa insiste con firmeza: hay que construir puentes. Pero, ¿qué responde la gran potencia? Que hay que construir muros. Y no solo físicos, porque hay otro tipo de muros como el racismo, por ejemplo, que en algunos países es muy fuerte todavía. Y la esclavitud de una pobreza a la que no se le busca solución.

Podría compartirnos cómo vive el Papa estas situaciones de tanta crítica.
Con una enorme paz, porque es un hombre de oración.

Una de las grandes enseñanzas que he recibido del Papa Francisco es que, cada mañana, se levanta prontísimo para dedicarse a la oración. Luego, a las siete, viene a la santa eucaristía y sus homilías son, todas, una meditación sobre la palabra. Al terminar la jornada, hace una hora de oración al Santísimo, entre las siete y las ocho de la noche. Él vive en sintonía con el Señor y, de ahí, su gran paz.
Alguna vez, como nosotros decimos, “le sale el aborigen”, pero es instantáneo. Yo nunca le he visto deprimido. Y uno, a veces piensa: “Caray, si yo tuviese ese colaborador, ya le hubiese mandado a paseo”. Pero él tiene otra manera.

A nivel personal, ¿cómo se siente usted después de toda la polémica por un presunto mal uso de fondos procedentes de la Universidad Católica de Honduras?
Esto es una campaña contra el C-9, clarísimamente, porque el C 9 no ha sido del gusto de muchísimas personas, especialmente en Italia. Ahora se acabó. Muchos pensaban que el Santo Padre iba aceptar la renuncia de un corrupto que ya ha cumplido 75 años, y pondría a otro. Y resulta que me ha dicho que continúe. Así que ya pierden su tiempo con todas esas sucias maniobras.

“A mí no me interesa tanto el infierno. Me interesa cómo alcanzar a las personas, para que lleguen a encontrar a Jesús, que es lo más importante. Del infierno que discutan los que tienen interés en estar chamuscándose”.
Óscar Andrés Rodríguez
Cardenal

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