Reflexión

Las pandillas de la corrupción

Las pandillas de la corrupción
Juan Ángel López Padilla
Sacerdote
Bueno, como seguramente son pocos los que han leído la «Gaudete et Esxultate», van a pensar que yo me refiero a los círculos co rruptos y corruptores de poder que tenemos en nuestro patio.

Esos que manipulan las leyes, la Constitución, que no quieren un Fiscal honesto y libre, que siguen enquistados en el poder por el poder, que no les importa que aparezcamos como el país más pobre de nuestro hemisferio cuando tenemos todos los recursos para no serlo, esos que hace días perdieron la conciencia en algún negocio que hicieron como funcionarios públicos (sin serlo, claro) y que han encontrado mil maneras de burlar la justicia. Pues la verdad, la expresión no es mía. Ese término de «pandillas de corrupción» es del Papa. Dicho en una Exhortación Apostólica que trata sobre la santidad. ¡Vea usted! diría una viejita querida de mi parroquia.
Pero ¿qué le puede interesar a un corrupto ser santo? Para los corruptos eso de la santidad es una tontería. La salvación no les interesa y si en algún momento han pensado en Dios es para usarlo en alguno de sus tantos discursos cargados de palabras bonitas pero carentes de contenido real. Ustedes me entienden. Esos que saben juntar las manos para orar o extenderlas como quien hace aeróbicos, pero no entienden ni querrán extenderlas más que, durante la campaña para cargar algún cipote mocoso o cuando ocupan repartir un poco de dinerito para comprar algún operador de justicia que, de justicia, entiende poco.
La santidad pasa por la mansedumbre, no la “mensedumbre”. Ser manso no es ser menso y desde hace ratos que, por andar de buenos, nos están viendo la cara estos pandilleros sin tatuajes, ni vestidos como “cholos”, pero que tienen unos “toros” que se sirven con cuchara grande.
La santidad pasa por el hambre y sed de justicia. Como bien explica el Papa, esto de tener hambre y sed apunta a una necesidad básica del ser humano, así que la justicia debería ser también: una necesidad básica. Además, es básico entender que, porque no hay justicia, es que miles se están muriendo literalmente de hambre y de sed. Ser santos pasa por no cansarnos por luchar por lo que es correcto y justo. El santo, como lo hemos dicho anteriormente, no responde a las imágenes esas que sepa quién, nos metió en la cabeza de pensar que el santo es una “mosquita muerta” que no reacciona, que no se compro mete. Al contrario, santos son los que defienden la verdad y la justicia, porque no son un dibujo animado, ni son ficción. Y, por lo general, el que se decide a defender lo que es justo, terminará siendo mártir, pero ese, es un camino mucho más expedito a la canonización.
Ser santos no pasa por la temeridad, pero si por el santo temor de no responderle a la conciencia y al corazón de Dios que cuida de sus más pequeños.