Buenas Nuevas

“Fue llevado…”

“Fue llevado…”
Tony Salinas Avery
Sacerdote
Esta escena en el marco geográ fico de Betania y con el gesto de elevar las manos, bendiciéndoles a la vez que se alejaba de ellos, Marcos, nos narra de manera única entre los evangelistas, la Ascensión del Señor.

Es realmente una escena llena de simbolismo y plenitud en el sentido último de la Pascua: Jesús de Nazaret superando la muerte y entrando a la eternidad de su reino, revela su profunda y decisiva identidad de Hijo del eterno Padre. Y, a la vez se abre de manera solemne un mensaje a los apóstoles: tienen en el centro su misión, una misión universal de ir por todo el mundo, para anunciar el Evangelio, es decir, la persona y la palabra de Cristo. Misión que no sólo será de palabra sino también de las manos que podrán curar como el mismo Jesús, perdonando los pecados e invitando a la comunión con Él.
Al señalarnos Marcos que “Fue llevado…” no anuncia un alejamiento y desinterés por los que dejaba en la tierra, Cristo vislumbra algo mucho más grande: el que se fue y ahora está sentado a la derecha del Padre todopoderoso, se ha hecho nuestro hermano en la mediación única y definitiva ante Dios para seguir salvándonos. De esta manera tan maravi llosa la Iglesia lo adora y lo contempla en su gloria, aspirando llegar un día a donde está Él, que es nuestra cabeza. Anunciando por igual su regreso, los apóstoles deberán hacerlo presente hasta ese determinado día, con la predicación de la palabra y de las obras, sintiendo que Él no les está lejos, camina y vive a su lado, tal como lo prometió en Mateo 28,20: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Hoy estamos en una fiesta que no conoce las lágrimas ni la melancolía, porque se anticipa de manera gra tuita y providencial, como lo fue en toda la vida de Jesús, su cercanía más eficaz , su amor más en profundidad y sus palabras en la plenitud de su sentido, gracias al prometido que será dado una vez que Él se siente a la derecha del Padre.