Homilia

“El Señor Jesús subió al cieloy se sentó a la derecha de Dios (Mc. 16, 15)

Homilía del VII Domingo de Pascua

Celebramos hoy que “Jesús sube al cielo y se sienta a la derecha del Padre”. Jesús no sube al cielo cósmico, sino que entra en una nueva dimensión, entra en la plenitud de Dios.

Sentarse a la derecha de Dios” es también una metáfora que significa que Jesús entra en la plenitud divina; la Ascensión es una forma de expresar el triunfo de Cristo Resucitado, Señor del Universo.
La Ascensión del Señor es la garantía de su victoria personal sobre la muerte, sobre el odio, sobre la violencia, sobre la prepotencia de los poderosos, pero, además, su victoria anticipa la victoria de toda la humanidad: ese es el destino de todos los seres humanos, desde el momento de su Ascensión las posibilidades de la humanidad han dejado de ser limitadas.
“Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio de Dios a toda la Creación”. Esta es la Buena Noticia del Evangelio: Que Jesús Resucitado es el Señor de nuestra vida. Esta es la mejor noticia que el mundo puede escuchar, puesto que este Señor no es como los falsos ídolos que conducen a la injusticia, la esclavitud y la muerte. Jesús es el Señor de la vida: los anhelos más profundos de vida, de justicia, de liberación y de felicidad son posibles y se han realizado ya en el Resucitado. El Evangelio es un anuncio de liberación. Esta Fiesta de la Ascensión del Señor despierta en nosotros una gran esperanza.
Como ha escrito el filósofo francés Fabrice Hadjadj: “Es cierto que la crisis nos lo hace pasar mal, y que muchos tienen ganas de aferrarse a cualquier cosa que les vendan para recobrar la esperanza. Pero no deja de ser significativo que los vendedores sean los mismos que han provocado la crisis, y que la solución que nos proponen sea que les volvamos a votar para sacarnos de ella y llevarnos al país que mana leche y miel. ¿No hemos tenido suficiente con las destructivas utopías del siglo XX?”.
¿Cómo recuperar la esperanza de la que estamos tan necesitados? ¿No tendríamos que abriéramos a ese Misterio que llevamos en el corazón y que nos sobrepasa? ¿No necesitamos hoy reencontrarnos con Cristo, que ha venido para que tengamos Vida y la tengamos en abundancia? Sólo con quien se ha encontrado con el Resucitado puede vivir con esperanza.
El Evangelio de hoy enumera también unas cuantas señales que acompañan al anuncio de esta Buena Noticia: “A los que crean los acompañarán estas señales: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y si beben un veneno mortal, no les hará daño”.
¿Qué quiere decir estas palabras? Quieren decir que el Evangelio es un anuncio de liberación profunda para todos los seres humanos y quienes lo acepten serán liberados del dominio de aquellas ideologías que proponen un modo de vida contrario al designio de Dios.
Eso significa: “echarán demonios: los demonios de la ambición, de la violencia, de la injusticia, del desamor. «hablarán lenguas nuevas, es decir, podrán romper las barreras que impiden a los seres humanos comunicarse y relacionarse como hermanos, y así hacer posible la paz y la fraternidad en el mundo. «cogerán serpientes en la mano, y si beben algún veneno, no les hará daño; aplicarán las manos a los enfermos y quedarán sanos.»: las serpientes y el veneno de una humanidad que mata, se mata a sí misma, en la imposición económica, en marginación social
No se trata de milagros, sino de señales de amor, de vida, y de liberación profunda, que son las que deben identificar a los seguidores de Jesús. La Buena Noticia va siempre acompañada de signos liberadores. Necesitamos experimentar en nosotros esa profunda liberación del evangelio para transmitirla a los otros: Estamos llamados a ser testigos de Vida y esperanza.
Por eso, volvemos nuestras miradas a Él, el Resucitado, para decirle:
Tú, Señor, por tu Resurrección has llegado a la vida plena. Hoy, al contemplar tu Ascensión al Cielo, tu triunfo definitivo y último, nuestra vida adquiere pleno sentido. Gracias, Señor, por tu presencia permanente que llena de esperanza y alegría a nuestro corazón.