Buenas Nuevas

“Mis amigos…”

“Mis amigos…”
Tony Salinas Avery
Sacerdote
En el Evangelio de este domingo, Jesús explica a sus discípulos el término “amigo”. En el Antiguo Testamento se llamaba a Abrahán por excelencia “el amigo de Dios”.

Ahora con Jesús, el término se aplica a todos los discípulos de Jesús, porque la fuerza regeneradora del amor, derriba cualquier obstáculo que impida esa maravillosa relación, llena de vida y comunión en los propios secretos divinos. Leyendo pues este capítulo que es cómo el testamento de Jesús, comprendemos que tanto la elección de ellos y su llamada a vivir y permanecer en su amor, es el fruto de su entrega amorosa por cada uno de ellos. Ha sido Dios mismo el que elige por amor al discípulo y lo impulsa a entrar en el mundo para “dar fruto”, sosteniéndolo siempre. El Nuevo Testamento asegura que los “elegidos”, los “escogidos” son todos los cristianos (Rm 8,33; Col 3,12; 1Pe 2,4) teniendo al grupo de los “Doce” como aquellos discípulos de la primera hora de la salvación, que ahora sirven de modelos para todo seguimiento de Jesús. Como ellos, abandonado el Cenáculo, lugar de la última Cena de Jesús y de la proclamación del testamento de Jesús, también nosotros debemos salir por los caminos de nuestras ciudades, pueblos y barrios, anunciando la certeza que sólo el amor puede dar: Y es que en realidad para Jesús no somos “siervos”, sino sus amigos”. El amor es, por tanto, don; es una chispa encendida en el corazón de cada hombre; es una semilla colocada en el terreno de la vida. Si echamos ceniza sobre la chispa, esa se apaga; si la semilla es sofocada por piedras y espinas, no logra brotar. Por eso Jesús repite continuamente el verbo de la constancia, de la fidelidad, de la continuidad, el “permanecer”, el “habitar” dentro de la luz del amor divino. Hoy estamos invitados a permanecer el amor del Corazón de Jesús.

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