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Frutos permanentes

Frutos permanentes
José Nelson Durón V.
Columnista
Atacados por el virus político, más agresivo que la garra catracha, aparecen en el escenario político personajes que solo aciertan a desvelar intenciones propias, alejadas del interés general y del bien común, con la táctica de atacar el estatus quo y meter el dedo en la llaga de los enormes problemas que debieron preverse hace muchos años por gobiernos de todos los colores.

Algunos hasta especulan ya sobre futuros candidatos presidenciales, dejándose caer en la desesperanza opositora incapaz de demostrar inteligencia, cordura e imaginación; inhábil de tejer un programa de gobierno inteligible, práctico y factible, resultado de un real vaciamiento de intenciones personales. La actual desaceleración económica, que pudo haber sido el objetivo, ha sido causada por los sucesos nada políticos de meses pasados. Ya conocemos los problemas, los vivimos. Y necesitamos soluciones; no mágicas, sino las basadas en análisis concretos y programas viables de desarrollo, con claras herramientas y medios para realizarlos. El atol con el dedo solo lo queremos de nuestras madres.
Queremos funcionarios probos, maduros, que trabajen para el bien común y den frutos buenos y permanentes; de esos que han escuchado del pueblo: «soy yo quien los ha elegido para que ayuden a resolver mi pobreza, mi necesidad de salud, justicia, trabajo y cultura». No de esos que dicen amar a Dios y se han soltado de la Vid verdadera; no; esos solo buscan dinero, fama y poder. Queremos de esos que comprenden que la mejor lucha es el trabajo honesto; de esos que sí han escuchado al Señor Jesús: “Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado”. Porque hemos entendido que el sentido de la vida es el sano crecimiento, que la dinámica de Dios es el amor y que, cuando elevamos los ojos a Dios que está en el cielo, lo contemplamos rodeado de Sus santos, Su Madre, los ángeles y nuestros familiares llamados, ante cuyo deceso dijimos con toda sinceridad y heridos por el dolor: “Ya está con Dios”.