Reflexión

Los enemigos del camino a la santidad

Los enemigos del camino a la santidad
Juan Ángel López Padilla
Sacerdote
Lo propio de la mentalidad jesuítica está, siguiendo las formas militares de Ignacio, en identificar los enemigos que pueden desviar el alma de los caminos de Dios.

Papa Francisco, ha podido o mejor aún, ha sabido resumir magistralmente los enemigos de la santidad recurriendo al histórico enfrentamiento de la Iglesia con las herejías que quizás más daño le han hecho porque, como él lo apunta, han sabido sobrevivir de manera sutil.
Ambas herejías, si lo analizamos brevemente, se hacen eco de las tentaciones más atractivas, parten de pecados capitales.
El gnosticismo, es el sinónimo del orgullo humano, pero sobre todo de la vanidad. Ese afán tendencioso del ser humano de controlarlo todo, de aparentar una sabiduría que los demás no tienen ni tendrán, pero sobre todo de compararse y humillar a los demás. Porque el gnóstico siempre se cree perfecto, superior. Su planteamiento es que él es, la medida de todas las cosas. Todo se mide desde su conocimiento. Mucho follaje y pocos frutos, en realidad. Mucha publicidad y poco contenido.
Como lo apunta el Papa, el problema de fondo es que se cree que se tienen las respuestas a todo y para todo, con lo que el mismísimo misterio de Dios se agota, se anula. Cuando confío más en lo que sé, o en lo que tengo, no necesito de Dios. Es más, que venga a pedirme consejo el tal Dios, porque las respuestas las tengo yo, no Él.
Realmente el gnosticismo ha invadido todos los espacios de la vida humana porque seguimos siendo herederos de esos racionalismos que pretenden encontrar justificación a todo, que niegan la trascendencia y que limitan todo a medidas, cálculos. Gnósticos, aunque no lo sepan, son aquellos que han creído que todo se reduce a lo que se puede conseguir en este mundo. Todo gira en torno a tener poder a costa de lo que sea y el conocimiento lo es.
La otra herejía es en cierto sentido similar, porque nace de la soberbia. Si el gnosticismo niega la trascendencia, niega a Dios, aunque le mencione casi como un amuleto, el pelagianismo cree en Dios, pero piensa que el ser humano puede construirse sin Él o al menos encaminarse a Él, sin Él.
Como dice el Papa: “el poder que los gnósticos atribuían a la inteligencia, algunos comenzaron a atribuírselo a la voluntad humana, al esfuerzo personal” (G.E. 48). Aquí lo grave es la falta de aceptación de las propias limitaciones. Eso, claro, mata el camino de santidad. Una dosis de humilde reconocimiento de nuestras faltas, de nuestros pecados, es fundamental para construir sobre cimientos que sólo Dios puede poner y que no nos podemos dar a nosotros mismos.
Cada vez que le damos más valor a las formas que al fondo, caemos en esta herejía. Negamos la Gracia de Dios y si la negamos ¿Qué santidad es la que buscamos?